Todo era de lo más normal. El café estaba practicamente intragable. El televisor tenía el volumen demasiado alto. El camarero y una clienta discutían sobre la educación de los hijos. La máquina tragaperras intentaba hiptonizarnos a todos con sus luces cambiantes y agudos sonidos. Y yo no conseguía evadirme de todos esto aunque lo intentaba con todas mis fuerzas.
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jueves, 8 de octubre de 2015
martes, 20 de enero de 2015
Solo
El día empezó aparentemente como cualquier otro. La luz fue tan molesta como la mañana anterior, el agua de la ducha tardó tanto en calentarse como siempre y el café fue tan poco efectivo como cualquier martes. Hasta que no llegó al trabajo y se despejó con el segundo café del día no se dio cuenta de lo solo que se encontaba.
No se había cruzado con nadie en la calle y, lo que es más preocupante, ni siquiera recordaba al conductor del autobus.
-Tranquilo- se dijo mientras recorría la oficina con su mirada más atenta. -Estaré medio dormido- siguió aleccionarse mientras intentaba hacer memoria de todo lo que estaba funcionando a su alrededor y necesitaba de alguien para hacerlo.
-Vale, has venido en autobús, has entrado en el edificio y todas las luces estaban ya encendidas. La maquina del café también y siempre la apaga Tere por la tarde.- quiso concluir su discurso con una explicación pero no la encontraba. -¿Habré llegado demasiado temprano?- concluyó sin siquiera mirar el reloj y comenzando el corto paseo hasta su mesa.
Sin haberse hecho una propuesta formal, empezó a trabajar, la lista de pendientes era suficientemente larga como para ocuparle el resto de la semana. En el fondo lo que esperaba era que todo volviera a la normalidad, el ruido, gente de aquí para allá, hablando, riendo, interrumpiendole con cualquier tontería y no tener que volver a preocuparse de que por un rato tuvo todo el mundo para el solo y sobre todo, no tener que comentarselo al psiquiatra, no fuera a subirle la medicación.
Cuando los ojos le avisaron de que estaban cansados miró la hora en la esquina superior derecha de su pantalla, las 11:31, estiró ambos brazos y contuvo un bostezo. Pensó en ir a por el tercer café de la mañana mientras levantaba la vista en busca de alguien con quien compartir un breve descanso pero se quedó congelado ante el abrumador silencio de la oficina. En una sala donde debería haber una docena de personas trabajando seguía sin haber nadie. Los únicos ruidos que le acompañaban eran el zumbido de una decena de ordenadores encendidos y la música casi remota de los auriculares que había dejado sobre la mesa.
Ante la solitaria maquina de café reflexionó casi en voz alta, -No me he equivocado de día, no he venido en domingo, y ya es hora de que esto estuviese abarrotado.- Un sorbo al café solo y sin azucar, para ver si así se despejaba de verdad, le sirvió para aclarar las ideas. -¡Eso es! Llamaré a alguién, a Toño por ejemplo, no puede ser que no haya nadie.- Se tomó con calma el volver a su mesa y hacer la llamada que le devolvería la cordura, tampoco iba a ganar nada corriendo y el café estaba mejor de lo habitual.
Toño no cogió el telefono, ni Marisa, ni Rosa, ni Xan, ni ninguno de los doce contactos que acabó escogiendo aleatoriamente de la agenda, por no responder, ni respondió ninguno de los servicios de información y antención al cliente que pudo recordar. Así llegó a la única conclusión lógica que quedaba, -me he quedado solo en el mundo- se dijó en voz alta.
A la hora de salir del trabajo pensó en ir a comer cerca de casa, pero pensó que lo mejor sería ir a casa, comer algo y dormir una siesta, a ver si al despertarse la cosa se había normalizado. Tomo el autobús, único vehículo que vió en los diez minutos que tuvo que esperar, que le llevó como único ocupante hasta su parada y ya en casa comío sin ganas y se echó en el sofá con la esperanza de que el sueño reparará todo ese desaguisado.
Pero no fue así.
No se había cruzado con nadie en la calle y, lo que es más preocupante, ni siquiera recordaba al conductor del autobus.
-Tranquilo- se dijo mientras recorría la oficina con su mirada más atenta. -Estaré medio dormido- siguió aleccionarse mientras intentaba hacer memoria de todo lo que estaba funcionando a su alrededor y necesitaba de alguien para hacerlo.
-Vale, has venido en autobús, has entrado en el edificio y todas las luces estaban ya encendidas. La maquina del café también y siempre la apaga Tere por la tarde.- quiso concluir su discurso con una explicación pero no la encontraba. -¿Habré llegado demasiado temprano?- concluyó sin siquiera mirar el reloj y comenzando el corto paseo hasta su mesa.
Sin haberse hecho una propuesta formal, empezó a trabajar, la lista de pendientes era suficientemente larga como para ocuparle el resto de la semana. En el fondo lo que esperaba era que todo volviera a la normalidad, el ruido, gente de aquí para allá, hablando, riendo, interrumpiendole con cualquier tontería y no tener que volver a preocuparse de que por un rato tuvo todo el mundo para el solo y sobre todo, no tener que comentarselo al psiquiatra, no fuera a subirle la medicación.
Cuando los ojos le avisaron de que estaban cansados miró la hora en la esquina superior derecha de su pantalla, las 11:31, estiró ambos brazos y contuvo un bostezo. Pensó en ir a por el tercer café de la mañana mientras levantaba la vista en busca de alguien con quien compartir un breve descanso pero se quedó congelado ante el abrumador silencio de la oficina. En una sala donde debería haber una docena de personas trabajando seguía sin haber nadie. Los únicos ruidos que le acompañaban eran el zumbido de una decena de ordenadores encendidos y la música casi remota de los auriculares que había dejado sobre la mesa.
Ante la solitaria maquina de café reflexionó casi en voz alta, -No me he equivocado de día, no he venido en domingo, y ya es hora de que esto estuviese abarrotado.- Un sorbo al café solo y sin azucar, para ver si así se despejaba de verdad, le sirvió para aclarar las ideas. -¡Eso es! Llamaré a alguién, a Toño por ejemplo, no puede ser que no haya nadie.- Se tomó con calma el volver a su mesa y hacer la llamada que le devolvería la cordura, tampoco iba a ganar nada corriendo y el café estaba mejor de lo habitual.
Toño no cogió el telefono, ni Marisa, ni Rosa, ni Xan, ni ninguno de los doce contactos que acabó escogiendo aleatoriamente de la agenda, por no responder, ni respondió ninguno de los servicios de información y antención al cliente que pudo recordar. Así llegó a la única conclusión lógica que quedaba, -me he quedado solo en el mundo- se dijó en voz alta.
A la hora de salir del trabajo pensó en ir a comer cerca de casa, pero pensó que lo mejor sería ir a casa, comer algo y dormir una siesta, a ver si al despertarse la cosa se había normalizado. Tomo el autobús, único vehículo que vió en los diez minutos que tuvo que esperar, que le llevó como único ocupante hasta su parada y ya en casa comío sin ganas y se echó en el sofá con la esperanza de que el sueño reparará todo ese desaguisado.
Pero no fue así.
viernes, 9 de julio de 2010
Proceso de selección
Llevaba un buen rato sentado en esa incomoda silla en una sala de espera amplia, totalmente blanca y de forma circular. Era una habitación tan regular que no se distinguían las puertas, la vista era una pared continua solo interrumpida por la muchacha que me estaba guiando, aunque parecía que su autentica ocupación era vigilarme con una sonrisa en los labios y un gesto de desconocimiento cada vez que le preguntaba algo. Como no llevaba reloj el tiempo hacía mucho, o poco, que se me había escapado. Y por supuesto, preguntarle a ella era inútil. Aún así no podía hacer otra cosa que hablar, aunque fuera solo, así que le pregunté. -Es un espacio realmente curioso, ¿tardaré mucho en ver al... juez?
La muchacha sin dejar de sonreír giró ligeramente la cara y me dijo con voz dulce y relajante que no era ningún juez, aquí nadie juzgaba a nadie, que era un experto en recursos humanos, una especie de director de casting, aunque claro está, Eden 7 no era ninguna película.
Yo la escuche embobado, era el discurso más largo que le había oído y su voz era sencillamente hipnótica. Podría haberme dicho que me asarían a la parrilla a fuego lento que yo seguiría sonriendo como un idiota e incluso le pediría que me lo repitiese para volver a oír su voz.
-Perdone, es que todo esto me resulta tan sorprendente, dése cuenta que me ha pillado tan de sorpresa...
-No pasa nada, estoy aquí para guiarle y ayudarle en lo pueda.
Envalentonado y encantado de hablar con ella seguí.
-¿Y sabe si voy a seguir solo, sin ver a ningún otro...
-Aspirante, les llamamos aspirantes.
-Gracias, pues eso, ¿sin ver a ningún otro aspirante en todo el proceso?
- Si pasa la fase previa le asignarán en un grupo de aspirantes y a partir de ahí seguirán todos juntos.
-Vaya, gracias.
Estaba buscando algo que preguntarle que no acabara en un leve levantamiento de hombros y de cejas, lo que supondría que la conversación acabaría tan repentinamente como empezó, cuando, en la pared se iluminó una puerta y mi guía se puso en pie, todo al mismo tiempo. Yo no sabía que mirar, si a la recién aparecida puerta o a la muchacha que señalando la puerta me decía que la acompañase. Me levanté como un autómata de la silla, sería incapaz de ignorar una indicación suya, y atravesé la pared, en el momento que sentí que la puerta desaparecía detrás de nosotros pensé que en ese momento se abría otra para que allí accediera otro aspirante y su guía.
Las altísimas columnas que teníamos delante daban la sensación de que nos encontrábamos en un pasillo infinito que se extendía a izquierda y derecha, pero mi guía avanzo entre las columnas en vez de ir a uno de los dos lados y yo la seguí torpemente. En realidad estábamos en un espacio inmenso, una inmensa sala alargada que se extendía a ambos lados hasta perderse la vista y que nosotros atravesábamos por su lado más pequeño, que debían ser por lo menos cien metros entre filas de columnas más el grosor de las columnas, bien cinco metros y los espacios entre las columnas y las pared, otros quince metros. Todo esto en blanco, paredes, suelo, columnas, y con una iluminación uniforme e indirecta, lo que me dificultó extraordinariamente hacer los cálculos de tamaños y distancias, por lo que he de reconocer que son todo lo precisos que me permitieron tan asombrosas condiciones.
El andar de mi guía era suave y apenas hacía ruido, pero como en todo ese espacio no se veía a nadie, ni se oía nada, sus pasos y los míos me parecían el estruendoso andar de una manada de elefantes.
Cuando atravesamos la segunda fila de columnas de la inmensa sala pude ver un ancho pasillo iluminado con luces amarillentas, lo cual rompía bastante con el resto de espacios que había podido ver hasta el momento. Mi guía volvió a indicarme que avanzara delante de ella señalando elegantemente el pasillo.
Al cabo de una veintena de metros acababa el pasillo en una puerta de madera pequeña y virtuosamente tallada. En este punto mi guía se despidió de mi, -Pase, por favor. Aquí le dejo, espero que todo le salga bien.
Yo también, pensé, pero me sentía tan fuera de lugar que no acerté a responder, solo hice un indefinible gesto con la cabeza y atravesé la puerta mientras oía:
-Pase, pase. Rodrigo Gómez Rodríguez, fallecido el día de hoy en accidente de trabajo a los 34 años de edad. ¿Todo correcto?
-Por desgracia así es.
martes, 22 de junio de 2010
No mires atrás
¡Sigue! ¡No te pares! Ya se que parece que están por todas partes, pero no hagas caso a tus oídos. No pienses, solo corre, no te pares ni un segundo, si no, estás perdido. ¿Los demás? No te fijes en los demás. No te dejaré solo, pero si te caes has de levantarte tu mismo, nadie se puede parar, ni esperar, y mucho menos retroceder por nada ni por nadie.
Izquierda o derecha, da igual siempre que no te pares. ¡Cuidado! Si tropiezas no podré ayudarte, sigue, sigue, sigue avanzando sin mirar atrás pues la oscuridad es todo lo que dejamos a nuestras espaldas.
¿Miedo? Sería un inconsciente si no tuviese algo de miedo. Ya se que ese ruido es aterrador, pero el miedo paraliza y nosotros no podemos parar, sigue, olvídate de lo que oyes, piensa que sea lo que sea lo estamos dejando atrás, que está vez lo vamos a conseguir, que ya falta menos.
No estás cansado, ¡no puedes estar cansado!, tenemos que seguir, tenemos que estar cerca, tenemos que conseguirlo. Coge mi mano, no te dejaré atrás, llegaremos juntos, te lo prometo.
Sabía que llegaríamos, sabía que lo conseguiríamos. ¿Por qué no te dejé caer? Porque no me gusta viajar solo, o porque me caes bien, o porque cada noche somos menos los que llegamos al refugio del día y lo que realmente me aterra es quedarme solo.
No lo olvides, si dejamos de movermos, no nos atraparán las sombras que en la noche quieren quitarnos la ilusión, la esperanza y en definitiva, la vida, así que corre y no mires atrás.
Izquierda o derecha, da igual siempre que no te pares. ¡Cuidado! Si tropiezas no podré ayudarte, sigue, sigue, sigue avanzando sin mirar atrás pues la oscuridad es todo lo que dejamos a nuestras espaldas.
¿Miedo? Sería un inconsciente si no tuviese algo de miedo. Ya se que ese ruido es aterrador, pero el miedo paraliza y nosotros no podemos parar, sigue, olvídate de lo que oyes, piensa que sea lo que sea lo estamos dejando atrás, que está vez lo vamos a conseguir, que ya falta menos.
No estás cansado, ¡no puedes estar cansado!, tenemos que seguir, tenemos que estar cerca, tenemos que conseguirlo. Coge mi mano, no te dejaré atrás, llegaremos juntos, te lo prometo.
Sabía que llegaríamos, sabía que lo conseguiríamos. ¿Por qué no te dejé caer? Porque no me gusta viajar solo, o porque me caes bien, o porque cada noche somos menos los que llegamos al refugio del día y lo que realmente me aterra es quedarme solo.
No lo olvides, si dejamos de movermos, no nos atraparán las sombras que en la noche quieren quitarnos la ilusión, la esperanza y en definitiva, la vida, así que corre y no mires atrás.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Aburrido del coche
Viajar de noche, con lluvia, niebla y cansancio no es nada recomendable. Siempre que se pueda debemos evitarlo, este es un buen consejo de la Dirección General de Tráfico, pero no siempre es evitable. Yo ya he rayado un coche contra un guardarailes, suerte de que solo fuera eso, por viajar de noche y cansado. Así que cuando empecé a notar que no conducía cómodo comencé a decirme cosas bastante poco reconfortantes.
-Mira que no has hecho testamento y ni sabes los seguros de vida que tienes.
-¿Ese ruido es normal?
-Creo que ya toca la revisión del coche, si es que hacemos quilómetros a lo bestia.
Cuando uno mismo se pone cenizo es difícil abandonar esa espiral pesimista, así que busqué auxilio en la radio. Busque una emisora que no me enfadase, una con noticias, por ejemplo.
-Que no sean de economía, que son deprimentes.
-¡De fútbol tampoco, que no lo soporto!
-No pongas música, que te puede dar sopor.
-A ver si encuentra una que hable de cocina, que tengo hambre.
Como la cosa no mejoraba pensé en enfrentar a mis múltiples yo internos, a ver si se ponían a discutir entre ellos y me dejaban en paz.
-Creo que voy a poner Radio5 que a estas horas hay un programa de contenido social, algo sobre ONGs, o sobre inmigración.
-¡No! Casi prefiero la música clásica, que me duerme menos.
-¿Que tienes tu en contra de la música clásica? Además eres un insolidario y un déspota.
-Hombre, a esta horas sería mejor algo entretenido, pero música no, que...
-¡Ya estamos! A los señoritos no les va la música, ni nada que sea serio, a ver si acabamos poniendo cualquier tontería llena de anuncios, ¡idiotas!
-¿a quien llamas tu idiota? Mira, prefiero anuncios a algo de cocina, que con el hambre que tengo solo me faltaba.
-No tienes ni idea...
Y así los deje, mientras yo oía el aleatorio del iPod tan tranquilo, viajando aburrido, pero tranquilo.
-Mira que no has hecho testamento y ni sabes los seguros de vida que tienes.
-¿No estará los neumáticos demasiado desgastados?
-A ves si antes de que acabe el año vas a hablar con el abogado y arreglas las cosas.
-¿Ese ruido es normal?
-Creo que ya toca la revisión del coche, si es que hacemos quilómetros a lo bestia.
Cuando uno mismo se pone cenizo es difícil abandonar esa espiral pesimista, así que busqué auxilio en la radio. Busque una emisora que no me enfadase, una con noticias, por ejemplo.
-Que no sean de economía, que son deprimentes.
-¡De fútbol tampoco, que no lo soporto!
-No pongas música, que te puede dar sopor.
-A ver si encuentra una que hable de cocina, que tengo hambre.
Como la cosa no mejoraba pensé en enfrentar a mis múltiples yo internos, a ver si se ponían a discutir entre ellos y me dejaban en paz.
-Creo que voy a poner Radio5 que a estas horas hay un programa de contenido social, algo sobre ONGs, o sobre inmigración.
-¡No! Casi prefiero la música clásica, que me duerme menos.
-¿Que tienes tu en contra de la música clásica? Además eres un insolidario y un déspota.
-Hombre, a esta horas sería mejor algo entretenido, pero música no, que...
-¡Ya estamos! A los señoritos no les va la música, ni nada que sea serio, a ver si acabamos poniendo cualquier tontería llena de anuncios, ¡idiotas!
-¿a quien llamas tu idiota? Mira, prefiero anuncios a algo de cocina, que con el hambre que tengo solo me faltaba.
-No tienes ni idea...
Y así los deje, mientras yo oía el aleatorio del iPod tan tranquilo, viajando aburrido, pero tranquilo.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Observando
Esperando en la consulta del médico me encontraba yo cuando en un abrir y cerrar de ojos todo se paró. Para mi no era la primera vez, así que no me asusté, por un lado me alegré de tener la batería del iPod llena y por otro me amargo en no saber lo que podía durar este nuevo episodio de congelación temporal. Ya otras veces, cuando se ha parado el tiempo a mi alrededor, he aprovechado para observar a la gente. Esto en condiciones normales es algo difícil, y si no, intentadlo. Mirad con detenimiento a quien tengáis enfrente en el metro, el autobús, la cola del super, en la mesa de al lado en la cafetería, o a un compañero, o compañera, de trabajo. Algo tan sencillo se convierte en un deporte de riesgo, y más riesgo conlleva cuanto mayor es la ciudad donde se practica. Pero con todo detenido es una delicia, nadie se siente agredido, y uno puede recrearse en cada facción o postura, se puede observar, distrayéndose, abandonándose en lo hermoso del paisaje humano.
El tiempo también se había detenido para mí, no cuanto pasó, dos, tres, cuatro canciones, y de repente, otra vez, en un abrir y cerrar de ojos, todo volvió a su ritmo normal. Pero yo ya había visto todo de otra manera.
El tiempo también se había detenido para mí, no cuanto pasó, dos, tres, cuatro canciones, y de repente, otra vez, en un abrir y cerrar de ojos, todo volvió a su ritmo normal. Pero yo ya había visto todo de otra manera.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Esos ojos oscuros
Publicado por primera vez el 26 de diciembre de 2006
Llevo un tiempo notando que alguien me está siguiendo. Cuando me doy la vuelta está ahí, quieto, vigilándome, enfrentándose a mi, sin mostrar temor alguno, desafiándome.
Veo su mirada oscura diciéndome, sígueme si te atreves. Una vez lo hice, estaba tan furioso que estaba dispuesto a cogerlo por el cuello y retorcérselo hasta que se le saliesen de las cuencas esos ojos negros como la noche. Pero fue inútil, cuanto más me esforzaba, cuanto más rápido corría, cuanto más lejos saltaba, él, sin mostrar cansancio o preocupación alguna mantenía la ventaja con sus ojos oscuros fijos en mi.
Cuando desistí su risa me alcanzó, me penetró y finalmente que quedó resonando en mi interior casi eternamente. Deseé lanzarme otra vez en su persecución, pero pensé, tiene que descansar en algún momento, tiene que dejar de mirarme en algún instante.
Sigue ahí. Pero ya se su secreto, en la oscuridad está perdido, no es capaz de encontrarme, y cuando vuelve la luz, tarda un instante, un mísero instante, en recobrar toda su fuerza. Es entonces cuando he de atraparlo para obligarle a dejar de ser mi sombra.
Nos leemos...
viernes, 2 de octubre de 2009
En los túneles

Publicado por primera vez el miércoles 20 de diciembre de 2006
Hoy he tenido un sueño. Un sueño que puedo recordar. Un sueño que os voy a contar.
No se como he llegado a una sala sin ventanas, con las paredes blancas y sucias, con más personas, hombres y mujeres, que parecen tan desorientados como yo. Esta estancia tiene una salida, lo que parece un pasillo largo, mal iluminado por fluorescentes amarillentos. A veces puedo ver imágenes del futuro, una piscina de aguas rojas, pasillos con personas que vienen hacia mi, un tablón de anuncios con hojas viejas y caras de personas que conozco pero no recuerdo.
Sin saber porque el grupo de personas que aparecimos juntos estamos avanzando por el pasillo mal iluminado, voy casi a la cabeza, no puedo decir nada del grupo del que formo parte, no soy capaz de decir cuantos somos, pero parece que no más de diez, no se el nombre de nadie, ni que cara tienen, ni como suena su voz, aunque estoy seguro de que hablamos, de que comentamos que hace frío, que ahí delante hay un cruce, que es está pared alguien ha hecho una pintada, o que me parece que ahí delante hay más luz. El grupo avanza encontrando de vez en cuando a alguien sentado en el suelo, pero en esos momentos nadie dice nada, nadie hace preguntas.
En un pasillo muy ancho, peor iluminado, donde hace más calor, nos encontramos con más gente, unos sentados formando grupos pegados a las paredes curvas y antiguamente blancas, otros caminando en nuestro sentido o en el contrario, unos hablando entre ellos, otros callados mirando para nosotros, pero todos con un aire de naturalidad tranquilizador. Nosotros seguimos avanzando sin apenas hablar, solo una mujer rompe el silencio una o dos veces. Parece que este túnel lleva a algún sitio, a izquierda y derecha aparecen nichos, como entradas a otros túneles pero sin iluminar, oscuros, tan oscuros que parece que absorben la luz de los fluorescentes próximos creando pozos de oscuridad. Cerca de estos nichos no se ve a casi nadie, y cada vez vemos a menos personas.
El pasillo por el que avanzamos ha ido creciendo a medida que avanzamos, ahora debe tener unas diez personas de ancho, pero el grupo avanza en dos filas por el medio, más rápido en los tramos peor iluminados, y más lento en los mejor iluminados. En una intersección nos cruzamos con un hombre pequeño, muy pequeño, pero con unos rasgos totalmente identificables, era igualito a Jose Luis, mi primo. Una mujer que no conozco de nada le llama, -¡Jose Luis, Jose Luis!- pero él ni se inmuta, sigue su camino alejándose en la oscuridad.
Lo que a lo lejos era una sombra extraña se ha convertido en un pasillo perpendicular mejor iluminado y con un tablón de anuncios en la pared de la izquierda. El pasillo es corto y termina con cuatro escalones que suben a una puerta de dos hojas tan ancha como el pasillo que tienen en su centro sendos cristales empañados. En el tablón de anuncio hay una hoja que pone claramente, “Quien caiga en la piscina, acabará en el infierno”.
A pesar de la clara indicación nos dirigimos por este claro, caluroso y húmedo pasillo a la puerta, donde tiene que estar una piscina de dimensiones considerables con el agua brillante y roja.
Pero esto lo se porque lo había visto antes, porque sabía que el aviso no mentía, porque sabía que de la piscina no había escapatoria, porque ya había visto caer en ella sin remedio alguno a todos los que me acompañaban, porque sabía que iba a encontrarme solo ante la piscina que llevaba al infierno, descansando antes de ir por el siguiente grupo para tirarlos, uno a uno, y olvidarlos de inmediato.
Nos leemos...
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Vocación

Publicado en primera versión el 1 de noviembre de 2006
Yo de mayor quiero ser piloto de pruebas de dromedarios de carreras.
Mirar al dorado horizonte del desierto y decirle a la oreja de la experimental bestia de la velocidad -¡Hoy vamos a alcanzar la velocidad absurda!- Notar como tensa sus imponentes músculos y salimos despedidos sin darme tiempo a coger con fuerza las correas, siendo abandonado en brazos de la diosa Fortuna, loada sea. Gracias a que uno es capaz de emplear una sobrehumana habilidad y destreza para mantenerse a lomos de la más espectacular bestia es llamado "el dromotester". Seré el Chuck Yeager del los dromedarios.
Mi casa será el desierto, mi melodía, el bramido de los dromedarios, mi lema... ...no tengo ni idea de cual será mi lema, pero seguro que será mejor que "Bueno, bonito y barato".
No se si pagan bien, pero la vocación es la vocación.
Nos leemos...
martes, 29 de septiembre de 2009
Anton me provoca pesadillas
Publicado por primera vez el jueves 2 de noviembre de 2006.
Esta noche he tenido una pesadilla.
Soñaba que Antón, herido en su orgullo artístico, se ponía manos a la obra y me traía un DVD con VCR 21 escrito sobre él. Hasta ahí todo iba bien, yo lo cogía, lo metía en el lector del portátil, con la secreta esperanza que lo hubiera exportado mal y no pudiera verlo, con lo que mis expectativas estaban alcanzado cotas cómicas difícilmente superables. En la pantalla del ordenador comenzó, sin que yo pudiera evitarlo, una sucesión de imágenes indescriptibles con la sintonía de fondo de la risa furiosa y en aumento de Antón. Yo no podía moverme, tenía la vista fija en la pantalla, con esas imágenes imposibles y la risa de Anton dentro de mi cabeza.
Horrible. Me desperté entre sudores y suplicas de piedad.
A ver si al final esto es un sueño premonitorio y VCR 21 se convierte un una puerta a este mundo para una dimensión terrible y monstruosa, al más puro estilo Lovercraft. Porque como sea como el de la pesadilla vamos a acabar en los telediarios. “Los responsables, creadores y distribuidores de VCR 21, la ignominiosa puerta al Infierno, serán puestos a disposición del pelotón de fusilamiento, como exigió la condena unánime del tribunal especial de delitos contra la humanidad, mañana a las 5:50 hora local.”
¡Encima me va a hacer madrugar!
Nos leemos..
viernes, 14 de agosto de 2009
Mala decisión. El bosque

Hay que ver lo complicado que resulta esto...
La luz al final del pasillo era realmente cegadora, tanto que acabó cerrando los ojos y tapándoselos con las dos manos. La luz lo había derrotado, permaneció de pié, totalmente parada, sin saber que hacer hasta que la sensación de ceguera y dolor desaparecieron. Tardó un rato en decidirse a a abrir los ojos. No tenía ninguna esperanza, estaba totalmente rendido, lo que no había conseguido la oscuridad lo había logrado la luz.
Lo que pudo ver a su alrededor eran arboles, arbustos, luz del mediodía filtrada por espesas y altas copas, estaba en medio de un pequeño claro, rodeado de altos troncos, con silbidos de pájaros y murmullos de viento entre ramas. Estaba solo y se sentía aliviado, aunque no sabía hacia donde dirigirse el bosque le daba paz y tranquilidad, los espacios abiertos no le asustaban, extendió los brazos e inspiró con fuerza. -Esto es otra cosa.- se dijo en voz alta.
Después de un buen rato de disfrutar del aire limpio y la vista vital y luminosa del bosque decidió tomar una dirección, creía oír el rumor de un río, o un pequeño riachuelo, y eso siempre le llevaría hacia la civilización, así que se dirigió siguiendo su oído. Después de un buen rato, la falta de reloj y la atención que ponía en seguir el ruido del agua lo tenían distraído, oía con más claridad el murmullo del agua, además los arbustos eran cada vez más espesos, y él, aunque cansado, avanzaba con más ganas. Por fin se encontró con un río, ni muy ancho, ni muy profundo, ni muy rápido, y siguéndolo corriente abajo, apenas unos centenares de dificultosos metros, se encontró con una edificación de piedra que parecía un molino de agua.
-¡Por fin!-
Se acercó a la puerta y le dio tres sonoros y alegres golpes.
No llegó a abrirse. L a oscuridad lo invadió todo y sintió como era arrancado de allí.
¡Maldito despertador!
viernes, 7 de agosto de 2009
Mala decisión

Hacía tan solo un segundo estaban ahí, delante de él, hablando sin parar, riéndose de sus propios chistes y siendo hasta escandalosos. Pero de repente, en un recodo en el que estaba un paso, o dos a lo sumo, detrás de ellos, se quedó solo.
Primero se extraño, ¿qué ha pasado?, les llamó, -¿Donde estáis? ¡Volved! Ya ha llegado.- Después se preocupó, empezó a afinar el oído, a ver si oía sus pasos, voces, risas; y la preocupación le llevó a empezar a buscar, a seguir por los interminables pasillos, a avanzar sector por sector, rojo, verde, azul, dejando atrás puertas cerradas y salas vacías.
Cuando ya había perdido la noción del tiempo y no distinguía nada de lo que le rodeaba oyó un risa clara y fresca. Apenas tardó un segundo en dirigirse al pasillo del que salía ese delicioso y esperanzador sonido.
Volvió a suceder. En cuanto dobló el recodo se fue por completo la luz. Estaba en medio de una absoluta oscuridad. Entre la inercia que llevaba y el susto de quedarse repentinamente ciego acabó chocando contra algo, no supo si era pared, puerta, o un estante abandonado, solo sintió dolor y acabó apoyándose con ambas manos en el suelo. Se sentó, respiraba con cierta dificultad, seguía sin nada de nada, le dolía el hombro y la rodilla, ya no entendía nada, ni quería entenderlo, solo quería salir de allí, volver, tenía muy claro que todo formaba parte de un error, de un instante, de una mala decisión.
En algún momento un sonido seco le sacó de sus meditaciones, un resplandor verdoso apareció a su espalda, en cuanto se giró la luz al fondo de un pasillo que no se parecía al que conocía casi le ciega. No lo dudó, se levantó y se dirigió hacia la luz, -Pase lo que pase, yo voy hacia la luz.-Se dijo en voz alta. Y avanzó con más obcecación que determinación.
-Esto no puede empeorar...-se dijo-...¿o no?-
jueves, 14 de mayo de 2009
Luces

Ayer por la noche volvía a casa en coche, era una noche oscura, llovía, e incluso me encontré con niebla en algunos tramos. No estaba siendo un viaje muy tranquilo, apenas veía nada y me sentía inseguro, no me cruzaba con nadie, nadie me adelantaba, ni yo adelantaba a nadie, demasiado tiempo sin ver coche alguno. Cada vez me sentía más intranquilo, cuanto más tiempo pasaba sin ver a nadie, más probable se hacía encontrarme con alguien, y siendo fiel admirador de las teorías de Murphy; si algo puede ir mal, seguramente irá mal, aunque seguramente irá peor; no solo contaba con encontrarme con alguien, si no que contaba con que fuera un camión con hidrogeno líquido, sin luces, adelantando a un tractor cargado de piedras, y también sin luces.
Con esta demostración de optimismo viajaba, encomentandome a la diosa Fortuna, a la que rezo cada vez que busco aparcamiento en la calle, me toca comer de menú del día, o compro algo por Ebay. La radio, el único nexo con el resto de la vida civilizada, llenaba el coche con un partido de fútbol; parece ser que tienen que jugar todos los días, si no a los fuboleros, desconozco su clasificación taxonómica, les da un síncope y mueren entre espasmos y con la boca llena de baba verde. Todo el mundo que alcanzaba a ver era oscuro y fugaz.
El tiempo empezó transcurrir más lentamente, eso o yo empezaba a ser más rápido, el enésimo gol del partido fue gritado por el excitadísimo periodista demasiado lentamente como para ser natural. -Otra vez- pensé. Hacía tiempo que no me pasaba nada raro, casi me había acostumbrado a que no me pasara, pero ya estaba ocurriendo otra vez. Empecé a acostumbrarme a ser unas diez veces más rápido que la realidad que me rodeaba, no era la primera vez, cuando una extremadamente blanca, brillante y enorme me pasó por la izquierda, como si me adelantara un Mercedes a escala 5:1 a 300 Km/h.
Y el tiempo volvió a su sitio, o mejor dicho, su momento.
-¿Ya está? ¿esto es todo?- me pregunte.
-¿Qué más querías?- respondió la radio.
Nos leemos...
jueves, 7 de mayo de 2009
Correa
- Hoy me he visto paseando con un perro.
- ¿Y?
- Que era el el que tenía la correa en la boca y yo el collar al cuello.
- ¿Y?
- Nada más, pero me dio algo de angustia.
- ¿Conocías al perro?
- No, pero me llevaba con mucho ritmo, se notaba que sabía imponer su autoridad. Incluso me gusto como tiró de la corre para corregirle, bueno, mejor dicho, corregirme.
- A ti lo que te pasa es que eres un poquito masoquista. Pero te aseguro que no pienso llevarte por la calle con una correa al cuello.
- ¿Y si lo haces por el salón?
- Siempre que me lo pidas de rodillas.
- ¿Y con la tele encendida?
- Eres un autentico degenerado.
- Solo un poquito.
Nos leemos
jueves, 30 de abril de 2009
...¿y tú que miras?...

Me dejaba llevar de una pecera a otra por la corriente humana que buscaba los ejemplares más extraños, los más agresivos, los más llamativos.
Yo estaba abandonado a la armonía del conjunto. No me importaba si aquí no había escualos, o depredadores espectaculares, una dorada nadando despistada o una morena adormilada me inspiraban la misma inmensa satisfacción. De todo ese pacifico ambiente tomaba constantes dosis de paz.
Hasta que, delante de uno de los acuarios me encontré absorto y solo. No es totalmente cierto, no estaba solo, tenía delante de mí a un individuo bastante feo que me miraba mientras subía y bajaba rítmicamente. Yo lo miraba atentamente y el más que observarme, parecía que me vigilaba.
Sin poder evitarlo uno de mis pensamientos debió convertirse en sonido, - ¡Pero mira que eres feo! -. El pez se movió un poco más rápido, casi podría decirse que se agitó, y se puso a la altura de mis ojos, donde se quedó totalmente inmóvil.
- Pues no se de que puedes presumir tu.
Era de esperar, solo a mi se me ocurre hablar solo, bueno, solo en presencia de un pez. Me ví obligado a replicarle.
- No quería ofender, pero la verdad es que no eres un pez muy agraciado.
- ¡Lo que hay que aguantar! - respondió rápidamente - No llega con que estemos aquí con la mejor disposición del mundo, si no que, además, ¡hay que gustarle al bípedo este!
Lo vi con ganas de conversación, pensé que los demás peces del su acuario debían ser o muy sosos o que pasaban de él por pesado.
- ¿Hay mucho ambiente por ahí? - A ver si cambiando de tema se animaba la conversación.
- No creas, las morenas se lo montan por su cuenta, son unas corporativistas, los erizos de mar no paran de hablar, pero solo de tonterías, y los demás son una pandilla de estresados, que si hoy no nos dan de comer, que ese ha usado el flash en la pecera de enfrente, que si he oído que van a traer a un tiburón, en fin, un autentico fastidio.
- Ya veo, no creas que a este lado la cosa está muy distinta. ¿Hablas con mucha gente?
- Ja, ja... - y de repente, volvió a poner cara tonto y se alejó con un par de aleteos. Yo estaba perplejo, pensé que le había ofendido, pero enseguida me di cuenta de que tenía al lado a dos niños pequeños que miraban absortos una morena que pasaba mientras su madre les insistía para que no se pegasen al cristal.
Avancé en busca de la paz de los siguientes acuarios, deseando sumergirme en ellos y flotar tranquilamente durante horas.
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martes, 28 de abril de 2009
¿Está el mar aburrido?

Podía sentir el viento en mi cara, oír las olas del mar y oler su penetrante olor. Tenía estos tres sentidos agudizados como nunca pero no podía ver la playa donde debía estar, ni saborear el agua aunque me atragantara con ella. Podía intentar correr hacia cualquier parte, aunque fuera una carrera suicida hacia el mar, que no me movía ni un milímetro.
Agotado por el esfuerzo de intentar ir a cualquier parte me dejé caer, pero no caí, seguía de pie ante un ruidoso y oloroso mar, con un viento intenso y frío.
A ver si me despierto de una vez y así dejo de soñar tonterías, pensé, porque todo esto solo puede ser un sueño, intenté sentenciar, con más intención de convencerme a mi mismo que de otra cosa.
Y de repente vi delante de mi a una anciana con un vestido negro que sonreía mientras acunaba y acariciaba a un gato blanco. El gato me miró y me dijo, -¿acaso no has visto nunca un mar tan aburrido?-
-¿aburrido?- respondí- no está nada aburrido, es..., es... -nunca he sido de palabra fácil, y menos dormido,- es bastante...
-Aburrido, fíjate bien porque es mortalmente aburrido. -y para rematarlo bostezó silenciosamente.
La verdad es que si te quedabas un rato mirándolo te daba sueño, si, no era un mar feo, solo era aburrido.
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lunes, 27 de abril de 2009
En el zoco

Esa cabeza de ahí es mía, dije entre una pota de cobre y una linterna sumergible mientras mi cuerpo, en frente de mi, me señalaba. El pingüino ajustó sus gafas y dejó escapar una densa nube de su pico mientras sacaba un puro corto y grueso del mismo. Me miró, tanto a mi cuerpo como a mi cabeza. No parecía muy dispuesto a hacerme mucho caso, así que volví a insistir, - perdone usted, no se si se habrá dado cuenta de que ese cuerpo que tiene delante es mío, y me gustaría juntarme con él.
Me pareció muy digno y correcto, pero la mirada del pingüino fue demoledora, me sentí como un perro que había meado en la alfombra persa y lo habían pillado. Me sentí encoger ante ese enorme bicho blanco y negro que usaba gafas y fumaba un pestilente puro.
- Entonces, que haces ahí escondido entre mis cosas.
Me sentí idiota. Mientras me marchaba con mi cabeza bien puesta sobre los hombros sentía las miradas clavándose en mi espalda de todos los comerciantes de zoco. Pensé en volver a meter mi cabeza debajo del brazo y poder sonrojarme libremente.
Unos polluelos de pingüino me rodearon y empezaron a piar como locos, pensé en echar a correr, pero preferí arrojarles unos arenques caramelizados y esperar que con eso se contentasen. Una pingüina que atendía un puesto de lamparas mágicas me gritó, - ¡No malcríe a los chiquillos, que después no habrá quien les haga cenar las sardinas sin que protesten!
Los polluelos callaron de repente y miraron a la pingüina, al unísono me miraron a mí y empezaron a volar convertidos en gorriones. De la vergüenza empecé a encogerme y acabé siendo un caracol de dos cabezas del tamaño de un gato. La pingüina se me acercó y me dio un coscorrón en una de las cabezas.
Del golpe me desperté con un fuerte dolor de cabeza y tremendamente avergonzado.
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