Cada día se ejecutan en los buscadores miles de búsquedas con los términos "angels", "lolitas", "boylover", "preteens", "girllover", "childlover", "pedoboy", "boyboy", "fetishboy" o "feet boy", con la intención de obtener imágenes totalmente repugnantes.
Hoy es el día del mundial del niño y es una lástima que tengamos que hacer incapié en esta horrible realidad.
Combate la pornografía infantil, combate la pedofília, si te encuentras con imágenes, páginas o enlaces de este tipo, denúncialo en la página de la Guardia Civil.
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sábado, 20 de noviembre de 2010
martes, 17 de agosto de 2010
El demonio de la A-52
La primera vez que vi al demonio de la A-52 fue en enero de hace dos años, volvía a casa pasadas las once de una oscura noche más, con algo de lluvia y mucho frío. Viajaba casi solo, de vez en cuando pasaban unas luces en sentido contrario y llevaba un buen rato sin adelantar, o ser adelantado, por nadie. El iPod empezaba a reproducir Sympaty for the Devil, en la versión de los Guns&Roses, cuando me alcanzó repentinamente un coche con unas luces muy brillantes y con el motor más ruidoso que nunca había oído.
Dentro de mi coche parecía de día, pero apenas veía poco más allá del morro, lo que en vez de ponerme nervioso o atemorizarme consiguió enfadarme. Empecé en la intimidad de mi coche, o lo que es lo mismo, vehículo automóvil de tamaño pequeño o mediano, destinado al transporte de personas y con capacidad no superior a nueve plazas, con la tranquilidad de una autovía, es decir, carretera con calzadas separadas para los dos sentidos de la circulación, cuyas entradas y salidas no se someten a las exigencias de seguridad de las autopistas, vacía, hasta que, en el momento que ya me estaba acordando de la parentela más lejana del conductor, un aullido ensordecedor me enmudeció.
Sentí miedo. Toda la rabia que había empleado en repasar las características físicas, intelectuales y morales del conductor de ese infernal coche y de su familia, se había convertido en oscuridad y congoja, que se puede definir como desmayo, fatiga, angustia y aflicción del ánimo. Si alguien os dice que realmente sabe lo que es cagarse de miedo, y esto no lo voy a definir, no os riáis de él, seguramente dice la verdad, literalmente.
Cuando se acabó la canción, minutos que me parecieron horas, un rugido de motor y un larguísimo aullido anunciaron la rauda marcha del demonio de la A-52. Mientras me adelantaba pude ver de reojo, porque estaba paralizado mirando al frente y con las dos manos firmemente asidas al volante, a un perro, un deforme y sarnoso can de palleiro poseído por el espíritu maldito de un rencoroso y codicioso abogado que se suicidó en esa misma carretera después de ser abandonado el mismo día de su boda. Tenía la cabeza fuera del coche, la sacaba por el hueco que de la ventanilla del demoniaco seiscientos. Sus llameantes ojos rojos y su larga lengua brillaban en la oscuridad de una forma obscena y terrorífica.
Cuando se alejó en la oscuridad, mientras aún se podían ver las llamaradas que salían del tubo de escape, sentí que la sangre volvía a circular, que había superado una experiencia que no quería tener repetir nunca más, pero como he dicho, esa fue la primera vez que me encontré con el demonio de la A-52.
Dentro de mi coche parecía de día, pero apenas veía poco más allá del morro, lo que en vez de ponerme nervioso o atemorizarme consiguió enfadarme. Empecé en la intimidad de mi coche, o lo que es lo mismo, vehículo automóvil de tamaño pequeño o mediano, destinado al transporte de personas y con capacidad no superior a nueve plazas, con la tranquilidad de una autovía, es decir, carretera con calzadas separadas para los dos sentidos de la circulación, cuyas entradas y salidas no se someten a las exigencias de seguridad de las autopistas, vacía, hasta que, en el momento que ya me estaba acordando de la parentela más lejana del conductor, un aullido ensordecedor me enmudeció.
Sentí miedo. Toda la rabia que había empleado en repasar las características físicas, intelectuales y morales del conductor de ese infernal coche y de su familia, se había convertido en oscuridad y congoja, que se puede definir como desmayo, fatiga, angustia y aflicción del ánimo. Si alguien os dice que realmente sabe lo que es cagarse de miedo, y esto no lo voy a definir, no os riáis de él, seguramente dice la verdad, literalmente.
Cuando se acabó la canción, minutos que me parecieron horas, un rugido de motor y un larguísimo aullido anunciaron la rauda marcha del demonio de la A-52. Mientras me adelantaba pude ver de reojo, porque estaba paralizado mirando al frente y con las dos manos firmemente asidas al volante, a un perro, un deforme y sarnoso can de palleiro poseído por el espíritu maldito de un rencoroso y codicioso abogado que se suicidó en esa misma carretera después de ser abandonado el mismo día de su boda. Tenía la cabeza fuera del coche, la sacaba por el hueco que de la ventanilla del demoniaco seiscientos. Sus llameantes ojos rojos y su larga lengua brillaban en la oscuridad de una forma obscena y terrorífica.
Cuando se alejó en la oscuridad, mientras aún se podían ver las llamaradas que salían del tubo de escape, sentí que la sangre volvía a circular, que había superado una experiencia que no quería tener repetir nunca más, pero como he dicho, esa fue la primera vez que me encontré con el demonio de la A-52.
miércoles, 14 de julio de 2010
Mientras ella quiera
Verla bailar era hipnótico. Sus movimientos naturales y sensuales lo tenían atrapado en un estado de éxtasis que transgredía todas las leyes conocidas sobre el tiempo y el espacio. Todo lo que le rodeaba dejó de ser visible, solo estaba ella, bailando como nunca antes había visto bailar. En un instante ella le miró y el tiempo se detuvo, su mirada clara se volvió eterna y su pelo flotaba en aire en un giro que nunca acababa. Repentinamente el tiempo se aceleró y ella giró en un instante hasta que volvió a detenerse otra vez, pero esta vez le miraba a los ojos, directamente, creando un vacío aún mayor a su alrededor. En ese instante eterno sintió como su corazón ya no le pertenecía, ahora era de ella y latía al ritmo que marcaban sus caderas.
Mientras ella siguiese bailando, él no necesitaría nada. Después; ya no le importaba el después.
Mientras ella siguiese bailando, él no necesitaría nada. Después; ya no le importaba el después.
lunes, 16 de noviembre de 2009
¡Mi reino por un café!
¡Que larga se me está haciendo esta semana! dijo Miguel el lunes a las 9:10 AM. Tomás le miró con estupor y Jaime lo ignoró activamente. Parecía que la cosa acabaría ahí cuando Tomás comenzó un razonamiento que no les llevaría a nada bueno.
-¡Tenemos que ser positivos! Hay que mirar a los ojos a la desidia y la apatía y...
-¡Noooo!- Interrumpió Miguel- ¡No puedo! Cada vez que veo la hora en el ordenador me desespero, me hundo, me...- no encontró más palabras y empezó a acompañar su silencio con gestos teatrales y muecas exageradas.
Miguel miraba cada vez más asustado y Jaime seguía a lo suyo, intentando no pensar en lo que le esperaba toda esa semana con el enajenado de Miguel y el simple de Tomás.
- Vamos, vamos, no es para tanto, venga vamos cosa a cosa y ya verás como se nos pasa la semana en un suspiro.- Le decía Tomás a Miguel mientras este respiraba en un bolsa de papel con la cabeza entre las piernas. Un ruido de tacones acercandose hizo que todos levantasen la mirada. Susana entro en la habitación y dejó un montón de carpetas sobre la mesa de Miguel sin que ningún sonido saliese de su boca.
-¡Guapa, más que guapa!
-¡Chissssst! ¡Calla Miguel!- dijo Tomás llevandose las manos a la cabeza.
Susana ni se inmutó, siguió por el pasillo alejando su ruido de tacones hasta que desapareció hacia el final del pasillo.
-Si es que viene a traernos todos esos expedientes ¡solo para verme! y que le diga cosas bonitas.- Sentenció Miguel, de pié sobre una silla de ruedas, lo que supuso que acabó recorriendo el metro escaso que le separaba de su mesa y acabó cayendo sobre las carpetas que acababa de dejar Susana.
Tomás seguía con las manos sujetando su cabeza, parecía una tinaja de vino, y Miguel estaba en el suelo rodeado de papeles y riendo como un loco.
¡Señor, si tan solo son las nueve y media del lunes! Pensó Jaime cuando lo vio claro.
-¡Mi reino por un café!- Y se marcho con paso marcial hacia la zona de relax, dispuesto a tomarse uno, dos, tres cafés, o tantos como fueran necesarios para llegar a las dos de la tarde sin volver a su puesto.
-¡Tenemos que ser positivos! Hay que mirar a los ojos a la desidia y la apatía y...
-¡Noooo!- Interrumpió Miguel- ¡No puedo! Cada vez que veo la hora en el ordenador me desespero, me hundo, me...- no encontró más palabras y empezó a acompañar su silencio con gestos teatrales y muecas exageradas.
Miguel miraba cada vez más asustado y Jaime seguía a lo suyo, intentando no pensar en lo que le esperaba toda esa semana con el enajenado de Miguel y el simple de Tomás.
- Vamos, vamos, no es para tanto, venga vamos cosa a cosa y ya verás como se nos pasa la semana en un suspiro.- Le decía Tomás a Miguel mientras este respiraba en un bolsa de papel con la cabeza entre las piernas. Un ruido de tacones acercandose hizo que todos levantasen la mirada. Susana entro en la habitación y dejó un montón de carpetas sobre la mesa de Miguel sin que ningún sonido saliese de su boca.
-¡Guapa, más que guapa!
-¡Chissssst! ¡Calla Miguel!- dijo Tomás llevandose las manos a la cabeza.
Susana ni se inmutó, siguió por el pasillo alejando su ruido de tacones hasta que desapareció hacia el final del pasillo.
-Si es que viene a traernos todos esos expedientes ¡solo para verme! y que le diga cosas bonitas.- Sentenció Miguel, de pié sobre una silla de ruedas, lo que supuso que acabó recorriendo el metro escaso que le separaba de su mesa y acabó cayendo sobre las carpetas que acababa de dejar Susana.
Tomás seguía con las manos sujetando su cabeza, parecía una tinaja de vino, y Miguel estaba en el suelo rodeado de papeles y riendo como un loco.
¡Señor, si tan solo son las nueve y media del lunes! Pensó Jaime cuando lo vio claro.
-¡Mi reino por un café!- Y se marcho con paso marcial hacia la zona de relax, dispuesto a tomarse uno, dos, tres cafés, o tantos como fueran necesarios para llegar a las dos de la tarde sin volver a su puesto.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Caminando entre ganado

Soy un lobo con piel de cordero. Acompaño al rebaño al mismo tiempo me alimento de él. Soy una sombra que aprovecha la noche para acercarme sigilosamente a uno de ellos y arrastrarlo en silencio a la oscuridad. Ya a solas me alimento lentamente de su dolor. De esta manera puedo volver al día siguiente a caminar entre ellos, mi ganado, sin que apenas se note en mis ojos mi condición de depredador.
martes, 3 de noviembre de 2009
Antón contra o lume
A escuridade estaba salpicada pola luz laranxa das lapas. Antón era o único que se mantiña, firme e sereo, fronte o imponente inimigo. Todos os demáis correran a seguridade do camiño, dende berraban, deixandose as gorxas na procura de que Antón entrara en razón. Pero Antón seguía alí, fronte a laranxa besta de escura mirada, co seu batelumes firmemente collido e presentado a modo de lanza, coa negra e requiemada goma por riba da súa cabeza.
A besta abriu a boca e deixou ver ilera tras ilera de picudas lapas a modo de dentes. O berro que de ahí saiu foi como miles de árbores en súbita incineración. Os homes enmudeceron, retrocederon, se encolleron, e non choraron porque non quedaban bagoas nos seus ollos. Pero Antón non se moveu. Antón seguía a mirar a cara deste terrible fillo de Phyros mentres collía coas dúas mans o batelumes, separou e flexionou as pernas e preparouse para a primeira acometida lo lume. Este empezou con contundencia lanzando unha densa columna de fume, cousa que non erredou a Antón que lebaba a sua mascara ben posta. Antón lanzouse adiante e a un lado e dirixiu un veloz e preciso golpe de batelumes contra as mans de besta. O contraataque enfureceuno e provocou que desta vez lanzase unhas lapas contra o bombeiro, que apenas as puido desviarlas co batelumes e lanzarono contra o requeimado chan. Pero Antón non só era arroutado, sabía o que facía, e dende o chan, por baixo das mortáis lapas lanzou un decidido golpe os pes do lume. Bateu con forza unha e outra vez contra o nexo da ardente presenza coa terra. O aullido foi terrible, o e estruendo da caida tamén, e xusto cando Antón, posto en pe, buscaba asestarlle o golpe final, unha bola de fogo golpeouno no peito, deixandoo sen alento, arrebatandolle as forzas, e o batelumes. A besta recuperouse, ergueuse e dispusoxe a rematar o home que segúia no chan, buscando encher os seus pulmóns con algo que lle dera forzas, cando un potente chorro de auga abriulle o peito. Na sua loita contra Antón esqueceuse por completo dos seus compañeiros, dandoos por vencidos, fuxidos, e humillados, pero estes non estaban por abandonar o seu compañeiro e foron na procura de reforzos, do motobomba. En canto chegou conectaron a fume de carozo as mangueiras e atacaron o lume.
A auga caía sobre Antón como unha tormenta de verán. Antón conseguíu levantarse, e apoiandose no seu batelumes achegouse a besta, que loitaba desesperadamente contro o chorro de auga vaporizandolo antes de que lle tocase. Por un momento parecía que ía ser capaz de de evaporar canta auga lle botasen, pero Antón non ía permitilo. Golpeou unha e outra vez nel ata que quedou reducido a cinzas humeantes.
Unha vez máis Antón e os seus derrotaron o demo.
Nos leemos...
viernes, 2 de octubre de 2009
En los túneles

Publicado por primera vez el miércoles 20 de diciembre de 2006
Hoy he tenido un sueño. Un sueño que puedo recordar. Un sueño que os voy a contar.
No se como he llegado a una sala sin ventanas, con las paredes blancas y sucias, con más personas, hombres y mujeres, que parecen tan desorientados como yo. Esta estancia tiene una salida, lo que parece un pasillo largo, mal iluminado por fluorescentes amarillentos. A veces puedo ver imágenes del futuro, una piscina de aguas rojas, pasillos con personas que vienen hacia mi, un tablón de anuncios con hojas viejas y caras de personas que conozco pero no recuerdo.
Sin saber porque el grupo de personas que aparecimos juntos estamos avanzando por el pasillo mal iluminado, voy casi a la cabeza, no puedo decir nada del grupo del que formo parte, no soy capaz de decir cuantos somos, pero parece que no más de diez, no se el nombre de nadie, ni que cara tienen, ni como suena su voz, aunque estoy seguro de que hablamos, de que comentamos que hace frío, que ahí delante hay un cruce, que es está pared alguien ha hecho una pintada, o que me parece que ahí delante hay más luz. El grupo avanza encontrando de vez en cuando a alguien sentado en el suelo, pero en esos momentos nadie dice nada, nadie hace preguntas.
En un pasillo muy ancho, peor iluminado, donde hace más calor, nos encontramos con más gente, unos sentados formando grupos pegados a las paredes curvas y antiguamente blancas, otros caminando en nuestro sentido o en el contrario, unos hablando entre ellos, otros callados mirando para nosotros, pero todos con un aire de naturalidad tranquilizador. Nosotros seguimos avanzando sin apenas hablar, solo una mujer rompe el silencio una o dos veces. Parece que este túnel lleva a algún sitio, a izquierda y derecha aparecen nichos, como entradas a otros túneles pero sin iluminar, oscuros, tan oscuros que parece que absorben la luz de los fluorescentes próximos creando pozos de oscuridad. Cerca de estos nichos no se ve a casi nadie, y cada vez vemos a menos personas.
El pasillo por el que avanzamos ha ido creciendo a medida que avanzamos, ahora debe tener unas diez personas de ancho, pero el grupo avanza en dos filas por el medio, más rápido en los tramos peor iluminados, y más lento en los mejor iluminados. En una intersección nos cruzamos con un hombre pequeño, muy pequeño, pero con unos rasgos totalmente identificables, era igualito a Jose Luis, mi primo. Una mujer que no conozco de nada le llama, -¡Jose Luis, Jose Luis!- pero él ni se inmuta, sigue su camino alejándose en la oscuridad.
Lo que a lo lejos era una sombra extraña se ha convertido en un pasillo perpendicular mejor iluminado y con un tablón de anuncios en la pared de la izquierda. El pasillo es corto y termina con cuatro escalones que suben a una puerta de dos hojas tan ancha como el pasillo que tienen en su centro sendos cristales empañados. En el tablón de anuncio hay una hoja que pone claramente, “Quien caiga en la piscina, acabará en el infierno”.
A pesar de la clara indicación nos dirigimos por este claro, caluroso y húmedo pasillo a la puerta, donde tiene que estar una piscina de dimensiones considerables con el agua brillante y roja.
Pero esto lo se porque lo había visto antes, porque sabía que el aviso no mentía, porque sabía que de la piscina no había escapatoria, porque ya había visto caer en ella sin remedio alguno a todos los que me acompañaban, porque sabía que iba a encontrarme solo ante la piscina que llevaba al infierno, descansando antes de ir por el siguiente grupo para tirarlos, uno a uno, y olvidarlos de inmediato.
Nos leemos...
martes, 23 de junio de 2009
La piscina del señor Diablo

El Diablo tenía la piel de silicio recorrida por circuitos de oro. Sus cuernos escondían una antena WIFI y una Bluetooth. Jugueteaba con su tridente mientras hablaba por teléfono con un tono seco y directo. Me sonrió y me invito a sentarme en una de las sillas que tenía delante de una inmensa y oscura mesa de despacho. No quise demostrar interés en la conversación que mantenía así que me fijé en el inmenso despacho del CEO de Infierno Inc.
Además de amplio tenía unas excelentes vistas al infierno, que no es tan oscuro como me habían dicho, y podía verse las colinas del sufrimiento, el valle de la desesperación y si hacía un pequeño esfuerzo las puertas del no retorno. Estas vistas me causaron una sed terrible, cosa que debía ser habitual, porque la hermosa secretaria de Diablo ya estaba dejando en mi mano un vaso de agua. La mujer demonio me distrajo instantáneamente, totalmente, su sonrisa, sus suaves movimientos, el conjunto y los detalles eran totalmente embaucadores, si en ese momento me hubiera arrancado un brazo, yo no habría gritado, solo habría sonreído y ofrecido el resto de mis extremidades.
Diablo carraspeó, me giré hacia él, había dejado de hablar por teléfono y me miraba con una expresión divertida y burlona.
- No te preocupes, es normal, si siguieras a Alouqua te dejaría seco, ...literalmente.
No sabía que decir, tenía la garganta tan seca que ni el agua que ya estaba acabando me refrescaba. La verdad es que miraba para Diablo como un idiota. El no dejaba de mirarme y sonreír, mostrando unos dientes triangulares, afilados y dolorosamente blancos.
-Perdona que te haya hecho esperar, pero si no controlo bien a mis programadores son capaces de hacerme otra vez una chapuza como la del Vista.
-¿Windows Vista?-pregunte como un triste autómata.
-Si, se noto demasiado mi mano, y eso no es bueno para el negocio, vale que conseguí muchas maldiciones, ira y rabia, pero a la larga no conseguiría más que lo ignorasen. Ahora estamos trabajando en un sistema que enfade, incordie, en un principio, pero que a la larga enganche y enloquezca, ¡ahí si que estará el autentico beneficio para Infierno Inc!
Era un vendedor nato, un encantador de serpientes bicéfalas, conseguía que te olvidaras de la tortura eterna del infierno y aceparas venderle el alma a cambio de unos cacahuetes.
-Impresionante- le dije, -pero yo...
-Ya, ya, tienes razón, venías por otro asunto, perdona, pero es que me apasiona mi trabajo, seguro que a ti también, y no puedo evitar el dedicarme a ello en cuerpo y alma.
-No, si no quería interrumpirle...-ya tenía la boca seca y me costaba tragar.
-¡Ah! ya veo, es que aquí hace un calor infernal.-dijo con una gran sonrisa y acabó con una sonora carcajada. Yo seguía mirando atónito.
-¡No me digas que no tienes sentido del humor!-dijo mientras seguía enseñandome su sonrisa de tiburón.
-No, nada de eso, es que en este caso su afirmación era literal.- intentando mostrar mi mejor y más pícara sonrisa. Diablo soltó una sonora carcajada que resonó en todo el despacho, parecía que el eco de su risa no acabaría nunca. -¡Tu si que sabes!- dijo con el eco de su risa de fondo. No sabía que le había hecho tanta gracia, y la verdad es que no quería seguir tentando a la suerte, así que intenté reconducir la situación.
-Como ya sabe tenemos que echarle un vistazo a su problema antes de darle una solución... porque si el color del agua de su piscina es rojo por causas... como decirlo... infernales...
-Si, si, por supuesto, acompáñame... ¡Alouqua!
-¿Nos acompañará la señorita Aluqua?
-Si, ya verás, será espectacular.
-Eso me temo- dije muy bajito mientras seguía a Diablo y Alouqua hacia un ascensor de aspecto viejo y oscuro.
Nos leemos...
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