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lunes, 13 de julio de 2020

Agua

     Me pase toda la vida huyendo de las piscinas, los ríos y el mar. Todos creían que tenía fobia al agua, cosa que aproveche para no dar explicaciones. Y el caso es que me encanta bañarme y nadar. A nadie le conté el porque de mi negativa a sumergirme en una masa de agua mayor de una bañera.

     Hasta los trece años fui un crío normal. Flacucho, distraído, tímido y nada amante de la actividad física. Lo único que disfrutaba y se podía considerar deporte, era nadar. En cuanto me zambullía en la piscina municipal, de siete calles y 25 metros, era feliz. Me daba igual si nadaba siguiendo las órdenes del monitor o lo hacía por mi cuenta. Nadar era maravilloso.

lunes, 4 de mayo de 2009

Barquitos

Sentir el viento en la cara o las salpicaduras de las olas con el sol a un lado, mientras las velas se hinchan y nos lanzan sobre el mar más allá de las preocupaciones y los agobios de una vida rutinaria y gris. Vivir en la mar, viajar con las suaves brisas o ser zarandeado por tempestades, gritarle a Neptuno que no nos vencerá entre carcajadas de loco en plena posesión, arribar a puertos lejanos y exóticos, gesticular a gentes de pieles oscuras, níveas, o de cualquier otro color, para hablar en internacional lenguaje para la comida, bebida y sueño. Pasar los días cosiendo una vela o viajando al lado de los delfines o ballenas, mientras que las noches se vuelven realmente oscuras y se pueden ver las estrellas en el cielo. Vivir en el mar cada día, como si no hubiese nada más.
Desde mañana dormiré la siesta en una hamaca y pondré por las noches un papel agujereado con alfileres en la lampara para tener un bonito cielo estrellado. Además siempre podré gesticular con algún vecino y poner en la tele documentales de ballenas. Va a ser toda una experiencia.

Nos leemos...

martes, 28 de abril de 2009

¿Está el mar aburrido?


Podía sentir el viento en mi cara, oír las olas del mar y oler su penetrante olor. Tenía estos tres sentidos agudizados como nunca pero no podía ver la playa donde debía estar, ni saborear el agua aunque me atragantara con ella. Podía intentar correr hacia cualquier parte, aunque fuera una carrera suicida hacia el mar, que no me movía ni un milímetro.
Agotado por el esfuerzo de intentar ir a cualquier parte me dejé caer, pero no caí, seguía de pie ante un ruidoso y oloroso mar, con un viento intenso y frío.
A ver si me despierto de una vez y así dejo de soñar tonterías, pensé, porque todo esto solo puede ser un sueño, intenté sentenciar, con más intención de convencerme a mi mismo que de otra cosa.
Y de repente vi delante de mi a una anciana con un vestido negro que sonreía mientras acunaba y acariciaba a un gato blanco. El gato me miró y me dijo, -¿acaso no has visto nunca un mar tan aburrido?-
-¿aburrido?- respondí- no está nada aburrido, es..., es... -nunca he sido de palabra fácil, y menos dormido,- es bastante...
-Aburrido, fíjate bien porque es mortalmente aburrido. -y para rematarlo bostezó silenciosamente.
La verdad es que si te quedabas un rato mirándolo te daba sueño, si, no era un mar feo, solo era aburrido.

Nos leemos...