lunes, 13 de julio de 2020

Agua

     Me pase toda la vida huyendo de las piscinas, los ríos y el mar. Todos creían que tenía fobia al agua, cosa que aproveche para no dar explicaciones. Y el caso es que me encanta bañarme y nadar. A nadie le conté el porque de mi negativa a sumergirme en una masa de agua mayor de una bañera.

     Hasta los trece años fui un crío normal. Flacucho, distraído, tímido y nada amante de la actividad física. Lo único que disfrutaba y se podía considerar deporte, era nadar. En cuanto me zambullía en la piscina municipal, de siete calles y 25 metros, era feliz. Me daba igual si nadaba siguiendo las órdenes del monitor o lo hacía por mi cuenta. Nadar era maravilloso.

lunes, 29 de junio de 2020

Clara

Uno

     Como todas las mañanas, esperaba flotando en la segunda plante del garaje a que el hombre que me puede ver llegase en su pequeño coche. Lo esperaba allí porque siempre que he intentado seguirlo, fuera del aparcamiento de ese edificio de oficinas, ha surgido una densa niebla que me cegaba y de inmediato volvía a aparecer en la planta -4 del maldito garaje.

     Si él no está cerca puedo moverme por el edificio. De día es muy entretenido y estoy enganchada a los chismorreos de la tercera planta. De noche me muevo por todas las oficinas y me distraigo observando los cambios de los distintos espacios. Por suerte puedo atravesar casi cualquier pared, menos las que me llevarían fuera y las de algunas habitaciones. También reluzco, así que soy mi propia fuente de luz. Cuando estoy más animada resplandezco con gran intensidad.

jueves, 18 de junio de 2020

Tito

Al cerrar la puerta de casa y entrar en mi blanco y pulcro mundo esperaba dejar atrás la “dolorosa angustia opresiva” de la que tanto me gustaba hablarle a mi psicólogo. Coloqué con algo de prisa las cosas en su sitio. La chaqueta en el perchero, el paraguas en el paragüero y los zapatos en el zapatero de la entrada. Quedaba dejar el móvil en su base de carga pero estaba algo despistado y fui la cocina a coger de la nevera un vaso de zumo de naranja.

Después de un buen trago de esa ambrosía me sentí un poco más centrado. Me di cuenta de que aún tenía el teléfono encima. Fui al salón y lo dejé en su sitio. Me senté en el sofá y cogí un posavasos del cajón de la mesita. No pensaba soltar el vaso de zumo hasta terminarlo pero así no cometería el horror de posarlo sobre la mesa sin protegerla.

jueves, 11 de junio de 2020

Espejo



Un compromiso con mi madre no se puede incumplir. Había que echar un vistazo a la vieja casa de la tía Encarna y no podía esperar. Así que, a pesar del asfixiante calor de agosto y de que mi coche nunca ha tenido aire acondicionado, me dirigí a la vieja casa del pueblo que le dejó la tía Encarna a sus hermanas supervivientes como herencia.

Llegué poco antes de acabar convertido en un “Federico deshidratado y bajo en grasas”. El coche quedó a la sombra de la higuera con todas las ventanillas bajadas. No pude evitar tener la imagen de que sería atacado en el viaje de vuelta por un furioso enjambre de avispas que acababan de asentar su colonia debajo del asiento del conductor, pero el calor acumulado dentro del pequeño Fiat no me dejó otra opción.

jueves, 8 de octubre de 2015

Desayunando con mi reflejo

Todo era de lo más normal. El café estaba practicamente intragable. El televisor tenía el volumen demasiado alto. El camarero y una clienta discutían sobre la educación de los hijos. La máquina tragaperras intentaba hiptonizarnos a todos con sus luces cambiantes y agudos sonidos. Y yo no conseguía evadirme de todos esto aunque lo intentaba con todas mis fuerzas.

jueves, 22 de enero de 2015

¡Maldito Andrés!

No estaba funcionando nada. Cada vez que abordaba el capítulo XIII toda la trama se desbarataba y los personajes se volvían inconducibles, incluso había uno, totalmente secundario, que decidía tomar las riendas de la historia y llegaba a reivindicarse como protagonista. Siempre acababa de la misma forma, yo, totalmente desesperado, borraba completamente el capítulo y salía de casa, sin siquiera apagar el ordenador, en busca de ruido, multitud y una buena cerveza.

Un día decidí decidí hacer una locura, emprender un diálogo con mis personajes, intentar llegar a un acuerdo con todos ellos, o por lo menos con los suficientes como para acabar ese capítulo maldito y seguir con la trama que tan meticulosamente había planificado.

Al principio parecía que la idea iba a funcionar, el protagonista y la mayoría de los secundarios expresaron sus dudas acerca de lo que les tenía reservado. Incluso hicieron alguna aportación a la historia que resultaba interesante y yo, procurando no desvelarles demasiado, les expliqué mis intenciones e incluso hice el firme y sincero propósito de incluir algunas de sus propuestas, pero, llegó él.
Andrés Buscarríos, personaje secundario incluido por la necesidad de ofrecer al protagonista un sospechoso creíble y detestable que  al final sería descartado. aunque recibiría su castigo por mala persona. Andrés empezó a quejarse de su nombre, de su poco creíble personalidad e incluso de su papel en la trama, para acabar criticando toda la construcción de la historia. Lo peor es que lo hacía con argumentos bien construidos y de una lógica aplastante que destruía toda la poética que trataba de darle a esta historia policiaca clásica.

El protagonista empezó a dudar, la chica, el jefe y el fiel ayudante del protagonista se sumaron al bando del amotinado y el villado, el auténtico, pasó de ser un tipo duro y despiadado a ser un dubitativo blandengue y ridículo.

Todo se vino abajo y acabé claudicando. Me rendí incondicionalmente a Andrés Buscarríos, que ahora se llama Andrés Montes, que es quien dirige lo que antes era mi novela. Me va dictando párrafo a párrafo y apenas me deja opinar, claro que hay que reconocer que le está quedando muy bien, mucho mejor que a mí, tanto que estoy totalmente enganchado a la historia del maldito Andrés.

martes, 20 de enero de 2015

Solo

El día empezó aparentemente como cualquier otro. La luz fue tan molesta como la mañana anterior, el agua de la ducha tardó tanto en calentarse como siempre y el café fue tan poco efectivo como cualquier martes. Hasta que no llegó al trabajo y se despejó con el segundo café del día no se dio cuenta de lo solo que se encontaba.

No se había cruzado con nadie en la calle y, lo que es más preocupante, ni siquiera recordaba al conductor del autobus.

-Tranquilo- se dijo mientras recorría la oficina con su mirada más atenta. -Estaré medio dormido- siguió aleccionarse mientras intentaba hacer memoria de todo lo que estaba funcionando a su alrededor y necesitaba de alguien para hacerlo.
-Vale, has venido en autobús, has entrado en el edificio y todas las luces estaban ya encendidas. La maquina del café también y siempre la apaga Tere por la tarde.- quiso concluir su discurso con una explicación pero no la encontraba. -¿Habré llegado demasiado temprano?- concluyó sin siquiera mirar el reloj y comenzando el corto paseo hasta su mesa.

Sin haberse hecho una propuesta formal, empezó a trabajar, la lista de pendientes era suficientemente larga como para ocuparle el resto de la semana. En el fondo lo que esperaba era que todo volviera a la normalidad, el ruido, gente de aquí para allá, hablando, riendo, interrumpiendole con cualquier tontería y no tener que volver a preocuparse de que por un rato tuvo todo el mundo para el solo y sobre todo, no tener que comentarselo al psiquiatra, no fuera a subirle la medicación.

Cuando los ojos le avisaron de que estaban cansados miró la hora en la esquina superior derecha de su pantalla, las 11:31, estiró ambos brazos y  contuvo un bostezo. Pensó en ir a por el tercer café de la mañana mientras levantaba la vista en busca de alguien con quien compartir un breve descanso pero se quedó congelado ante el abrumador silencio de la oficina. En una sala donde debería haber una docena de personas trabajando seguía sin haber nadie. Los únicos ruidos que le acompañaban eran el zumbido de una decena de ordenadores encendidos y la música casi remota de los auriculares que había dejado sobre la mesa.

Ante la solitaria maquina de café reflexionó  casi en voz alta, -No me he equivocado de día, no he venido en domingo, y ya es hora de que esto estuviese abarrotado.- Un sorbo al café solo y sin azucar, para ver si así se despejaba de verdad, le sirvió para aclarar las ideas. -¡Eso es! Llamaré a alguién, a Toño por ejemplo, no puede ser que no haya nadie.- Se tomó con calma el volver a su mesa y hacer la llamada que le devolvería la cordura, tampoco iba a ganar nada corriendo y el café estaba mejor de lo habitual.

Toño no cogió el telefono, ni Marisa, ni Rosa, ni Xan, ni ninguno de los doce contactos que acabó escogiendo aleatoriamente de la agenda, por no responder, ni respondió ninguno de los servicios de información y antención al cliente que pudo recordar. Así llegó a la única conclusión lógica que quedaba, -me he quedado solo en el mundo- se dijó en voz alta.

A la hora de salir del trabajo pensó en ir a comer cerca de casa, pero pensó que lo mejor sería ir a casa, comer algo y dormir una siesta, a ver si al despertarse la cosa se había normalizado. Tomo el autobús, único vehículo que vió en los diez minutos que tuvo que esperar, que le llevó como único ocupante hasta su parada y ya en casa comío sin ganas y se echó en el sofá con la esperanza de que el sueño reparará todo ese desaguisado.

Pero no fue así.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Pornografía infantil ¡NO!

Cada día se ejecutan en los buscadores miles de búsquedas con los términos "angels", "lolitas", "boylover", "preteens", "girllover", "childlover", "pedoboy", "boyboy", "fetishboy" o "feet boy", con la intención de obtener imágenes totalmente repugnantes.

Hoy es el día del mundial del niño y es una lástima que tengamos que hacer incapié en esta horrible realidad.

Combate la pornografía infantil, combate la pedofília, si te encuentras con imágenes, páginas o enlaces de este tipo, denúncialo en la página de la Guardia Civil.



martes, 17 de agosto de 2010

El demonio de la A-52

La primera vez que vi al demonio de la A-52 fue en enero de hace dos años, volvía a casa pasadas las once de una oscura noche más, con algo de lluvia y mucho frío. Viajaba casi solo, de vez en cuando pasaban unas luces en sentido contrario y llevaba un buen rato sin adelantar, o ser adelantado, por nadie. El iPod empezaba a reproducir Sympaty for the Devil, en la versión de los Guns&Roses, cuando me alcanzó repentinamente un coche con unas luces muy brillantes y con el motor más ruidoso que nunca había oído.
Dentro de mi coche parecía de día, pero apenas veía poco más allá del morro, lo que en vez de ponerme nervioso o atemorizarme consiguió enfadarme. Empecé en la intimidad de mi coche, o lo que es lo mismo, vehículo automóvil de tamaño pequeño o mediano, destinado al transporte de personas y con capacidad no superior a nueve plazas, con la tranquilidad de una autovía, es decir, carretera con calzadas separadas para los dos sentidos de la circulación, cuyas entradas y salidas no se someten a las exigencias de seguridad de las autopistas, vacía, hasta que, en el momento que ya me estaba acordando de la parentela más lejana del conductor, un aullido ensordecedor me enmudeció.
Sentí miedo. Toda la rabia que había empleado en repasar las características físicas, intelectuales y morales del conductor de ese infernal coche y de su familia, se había convertido en oscuridad y congoja, que se puede definir como desmayo, fatiga, angustia y aflicción del ánimo. Si alguien os dice que realmente sabe lo que es cagarse de miedo, y esto no lo voy a definir, no os riáis de él, seguramente dice la verdad, literalmente.
Cuando se acabó la canción, minutos que me parecieron horas, un rugido de motor y un larguísimo aullido anunciaron la rauda marcha del demonio de la A-52. Mientras me adelantaba pude ver de reojo, porque estaba paralizado mirando al frente y con las dos manos firmemente asidas al volante, a un perro, un deforme y sarnoso can de palleiro poseído por el espíritu maldito de un rencoroso y codicioso abogado que se suicidó en esa misma carretera después de ser abandonado el mismo día de su boda. Tenía la cabeza fuera del coche, la sacaba por el hueco que de la ventanilla del demoniaco seiscientos. Sus llameantes ojos rojos y su larga lengua brillaban en la oscuridad de una forma obscena y terrorífica.
Cuando se alejó en la oscuridad, mientras aún se podían ver las llamaradas que salían del tubo de escape, sentí que la sangre volvía a circular, que había superado una experiencia que no quería tener repetir nunca más, pero como he dicho, esa fue la primera vez que me encontré con el demonio de la A-52.

viernes, 6 de agosto de 2010

Momentos únicos


1.
Hoy he redescubierto el sereno y profundo placer de deambular sin nota ni hora por el supermercado, con la única compañía de la música.

2.
-¿Y si mañana te tocan cien millones?
-Sería rico.
-Si, vale, pero, ¿qué harías si fueses rico?
-Ese problema lo resolveré cuando llegue, ahora es pronto.

3.
Ayer mi pequeña Candela fue por primera vez al dentista. Antes de ir le preguntó a su abuelo.
-¿Cómo se llama el dentista?
-Doctora Pérez.
-¡Ah! Se llama Pérez.
-No, se apellida Pérez.
-Entonces se llama Doctora.
-No, doctora es...
En ese momento sentí una pequeña y oscura satisfacción por no ser yo el que tenía que salir de ese jardín.

4.
Siento una gran emoción cada vez que veo como la pequeña Candela se esfuerza por aprender a leer. Cada avance me provoca un estado de agitada placidez que me altera profunda y positivamente. La satisfacción que me llena y me hace levitar unos milímetros del suelo procuro disimularla para que no se de cuenta de que, en el fondo, su padre es un sentimental.

miércoles, 14 de julio de 2010

Mientras ella quiera

Verla bailar era hipnótico. Sus movimientos naturales y sensuales lo tenían atrapado en un estado de éxtasis que transgredía todas las leyes conocidas sobre el tiempo y el espacio. Todo lo que le rodeaba dejó de ser visible, solo estaba ella, bailando como nunca antes había visto bailar. En un instante ella le miró y el tiempo se detuvo, su mirada clara se volvió eterna y su pelo flotaba en aire en un giro que nunca acababa. Repentinamente el tiempo se aceleró y ella giró en un instante hasta que volvió a detenerse otra vez, pero esta vez le miraba a los ojos, directamente, creando un vacío aún mayor a su alrededor. En ese instante eterno sintió como su corazón ya no le pertenecía, ahora era de ella y latía al ritmo que marcaban sus caderas.
Mientras ella siguiese bailando, él no necesitaría nada. Después; ya no le importaba el después.

viernes, 9 de julio de 2010

Proceso de selección

Llevaba un buen rato sentado en esa incomoda silla en una sala de espera amplia, totalmente blanca y de forma circular. Era una habitación tan regular que no se distinguían las puertas, la vista era una pared continua solo interrumpida por la muchacha que me estaba guiando, aunque parecía que su autentica ocupación era vigilarme con una sonrisa en los labios y un gesto de desconocimiento cada vez que le preguntaba algo. Como no llevaba reloj el tiempo hacía mucho, o poco, que se me había escapado. Y por supuesto, preguntarle a ella era inútil. Aún así no podía hacer otra cosa que hablar, aunque fuera solo, así que le pregunté. -Es un espacio realmente curioso, ¿tardaré mucho en ver al... juez?
La muchacha sin dejar de sonreír giró ligeramente la cara y me dijo con voz dulce y relajante que no era ningún juez, aquí nadie juzgaba a nadie, que era un experto en recursos humanos, una especie de director de casting, aunque claro está, Eden 7 no era ninguna película.
Yo la escuche embobado, era el discurso más largo que le había oído y su voz era sencillamente hipnótica. Podría haberme dicho que me asarían a la parrilla a fuego lento que yo seguiría sonriendo como un idiota e incluso le pediría que me lo repitiese para volver a oír su voz.
-Perdone, es que todo esto me resulta tan sorprendente, dése cuenta que me ha pillado tan de sorpresa...
-No pasa nada, estoy aquí para guiarle y ayudarle en lo pueda.
Envalentonado y encantado de hablar con ella seguí.
-¿Y sabe si voy a seguir solo, sin ver a ningún otro...
-Aspirante, les llamamos aspirantes.
-Gracias, pues eso, ¿sin ver a ningún otro aspirante en todo el proceso?
- Si pasa la fase previa le asignarán en un grupo de aspirantes y a partir de ahí seguirán todos juntos.
-Vaya, gracias.
Estaba buscando algo que preguntarle que no acabara en un leve levantamiento de hombros y de cejas, lo que supondría que la conversación acabaría tan repentinamente como empezó, cuando, en la pared se iluminó una puerta y mi guía se puso en pie, todo al mismo tiempo. Yo no sabía que mirar, si a la recién aparecida puerta o a la muchacha que señalando la puerta me decía que la acompañase. Me levanté como un autómata de la silla, sería incapaz de ignorar una indicación suya, y atravesé la pared, en el momento que sentí que la puerta desaparecía detrás de nosotros pensé que en ese momento se abría otra para que allí accediera otro aspirante y su guía.
Las altísimas columnas que teníamos delante daban la sensación de que nos encontrábamos en un pasillo infinito que se extendía a izquierda y derecha, pero mi guía avanzo entre las columnas en vez de ir a uno de los dos lados y yo la seguí torpemente. En realidad estábamos en un espacio inmenso, una inmensa sala alargada que se extendía a ambos lados hasta perderse la vista y que nosotros atravesábamos por su lado más pequeño, que debían ser por lo menos cien metros entre filas de columnas más el grosor de las columnas, bien cinco metros y los espacios entre las columnas y las pared, otros quince metros. Todo esto en blanco, paredes, suelo, columnas, y con una iluminación uniforme e indirecta, lo que me dificultó extraordinariamente hacer los cálculos de tamaños y distancias, por lo que he de reconocer que son todo lo precisos que me permitieron tan asombrosas condiciones.
El andar de mi guía era suave y apenas hacía ruido, pero como en todo ese espacio no se veía a nadie, ni se oía nada, sus pasos y los míos me parecían el estruendoso andar de una manada de elefantes.
Cuando atravesamos la segunda fila de columnas de la inmensa sala pude ver un ancho pasillo iluminado con luces amarillentas, lo cual rompía bastante con el resto de espacios que había podido ver hasta el momento. Mi guía volvió a indicarme que avanzara delante de ella señalando elegantemente el pasillo.
Al cabo de una veintena de metros acababa el pasillo en una puerta de madera pequeña y virtuosamente tallada. En este punto mi guía se despidió de mi, -Pase, por favor. Aquí le dejo, espero que todo le salga bien.
Yo también, pensé, pero me sentía tan fuera de lugar que no acerté a responder, solo hice un  indefinible gesto con la cabeza y atravesé la puerta mientras oía:
-Pase, pase. Rodrigo Gómez Rodríguez, fallecido el día de hoy en accidente de trabajo a los 34 años de edad. ¿Todo correcto?
-Por desgracia así es.

miércoles, 30 de junio de 2010

El verano y la armonía zen

-¿Qué haces ahí tirado con el día que hace?
-Deja, deja, que lo del verano lo llevo fatal.
-Ya, como todos los años...
-Este peor. Es que con tanto sol, tanta niña mona, tanto tiempo libre.
-Eso te pasa por pasarte el año estudiando, ahora no tienes nada que hacer. Puedes ir igual a la biblioteca, a ver si conoces a alguna que te haga caso.
-¡Ni de coña! Allí es peor, además con tanto escote, tanta minifalda, tanta sonrisa.... me pongo malo solo de pensarlo. ¡Pero muy malo!
-Y por eso te quedas en casa, como si te hubiesen encadenado al ordenador.
-Es que mi cacharro es el único que me entiende.
-Tu estás tonto, pero tonto puerta. ¡Anda! Ven conmigo a tomarnos unas cañas y verás como se te quita la tontería.
-Tontería... lo que tengo no es tontería, es que cada vez que veo a una lozana moza en edad de merecer mis amorosas atenciones se me va la sangre de la cabeza y pierdo la noción del espacio y el tiempo, la razón  me abandona y el instinto primigenio de procreación y egoísta hedonismo animal se apodera de mi llevándome a un estado natural en la adolescencia pero impropio de una mente adoradora de los prefectos kantianos y aferrima enemiga del superhombre nischeriano. Así, mi buen amigo, nunca alcanzaré el zen y la armonía.
-Mira, lo que te pasa es lo comúnmente denominado "estúpido ardor veraniego" y tiene cura. Tu te vienes conmigo a la playa del Bao, paradisiaca playa, llena de jóvenes en edad de tontear, hermosas y gráciles, y verás como enseguida se te pasa. Y esto te lo digo así para que me entiendas.
-¡Loco! ¿Quieres que me de un ataque?
-Nooo, mira, es muy fácil, después de ver en menos de un dos minutos al décimo grupo de adorables muchachas te parecerá tan normal que para que alguna te altere tendrá que ser una diosa. Así se te quita la tontería.
-¡Curación por saturación! Podría funcionar.
-Venga, coge la toalla y vámonos. ¡Y no te dejes la crema del sol que ya te veo rojo intenso en media hora!

martes, 22 de junio de 2010

No mires atrás

¡Sigue! ¡No te pares! Ya se que parece que están por todas partes, pero no hagas caso a tus oídos. No pienses, solo corre, no te pares ni un segundo, si no, estás perdido. ¿Los demás? No te fijes en los demás. No te dejaré solo, pero si te caes has de levantarte tu mismo, nadie se puede parar, ni esperar, y mucho menos retroceder por nada ni por nadie.

Izquierda o derecha, da igual siempre que no te pares. ¡Cuidado! Si tropiezas no podré ayudarte, sigue, sigue, sigue avanzando sin mirar atrás pues la oscuridad es todo lo que dejamos a nuestras espaldas.

¿Miedo? Sería un inconsciente si no tuviese algo de miedo. Ya se que ese ruido es aterrador, pero el miedo paraliza y nosotros no podemos parar, sigue, olvídate de lo que oyes, piensa que sea lo que sea lo estamos dejando atrás, que está vez lo vamos a conseguir, que ya falta menos.

No estás cansado, ¡no puedes estar cansado!, tenemos que seguir, tenemos que estar cerca, tenemos que conseguirlo. Coge mi mano, no te dejaré atrás, llegaremos juntos, te lo prometo.

Sabía que llegaríamos, sabía que lo conseguiríamos. ¿Por qué no te dejé caer? Porque no me gusta viajar solo, o porque me caes bien, o porque cada noche somos menos los que llegamos al refugio del día y lo que realmente me aterra es quedarme solo.

No lo olvides, si dejamos de movermos, no nos atraparán las sombras que en la noche quieren quitarnos la ilusión, la esperanza y en definitiva, la vida, así que corre y no mires atrás.

lunes, 31 de mayo de 2010

Satisfacción

1
Una lágrima de inconmensurable satisfacción recorría su mejilla mientras en su boca sabores y sensaciones que pensaba olvidados le llevaban a otro momento y lugar. Nada de lo que le rodeaba en esos momentos podría haberle distraído y apartado del singular estado de placidez y excitación que, como cada mañana, le provocaba el croissant del desayuno.
2
El agua caliente caía abundante sobre su cuerpo y llenaba el baño de vapor. Con los ojos cerrados mirando al techo se abandono unos eternos segundos al placer de una ducha abundante y caliente. Disfrutar de cada segundo era inevitable, cada gota de agua que impactaba contra su cuerpo era una fuente de insondable placer táctil.
3
La suavidad con la música llenaba todo el coche conviertiendolo en una isla de elegancia y refinamiento en medio de un mar de vulgaridad y terrorífico mal gusto. Esto le provocó una sonrisa y un gesto de complacencia que le hacían parecer estúpido o drogado. Y era así como se sentía, felizmente estúpido y drogado por las elegantes notas, la armonía de sonidos y la genial interpretación. El camino sería demasiado corto ese día.

jueves, 25 de marzo de 2010

¡Ya estoy aquí!

Hola, me llamo Lucas y aunque he tenido una gestación complicada, ya he conseguido salir. Yo pensaba que esto sería más fácil en cuanto saliese, pero para empezar he de decir que me obligaron a salir, anticipadamente y contra mi voluntad. Os podéis imaginar el susto que me dieron, además al poco de salir y de verme obligado a respirar por mi cuenta, un desalmado aprovechando que tenia los ojos cerrados me alejó de mi mamá y me llevó a una urna, eso sí, calentita y cómoda, manteniendome alejado de mi mamá varios días. Alguien pensó que sería un consuelo que mi papá viniera a verme de vez en cuando, pero yo lo que quería era estar con mi mamá.
En fin, ya estoy en casa, mi mamá no se separa de mi, me da rica leche, me arrulla, me mima y me cambia el pañal sin llamarme cochino, no como el pesado de papá que encima tiene la cara de usarme como excusa para no escribir más a menudo.
Por cierto, el vago de mi papá no ha guardado aún ninguna foto mía, y eso que nací el día 16, y está poniendo aquí la foto de mama con mi hermanita Candela aún en la barriguita.

viernes, 12 de marzo de 2010

Mala esperiencia

-Aún llegaremos tarde.
-Tranquilo, vamos por aquí que seguro que acortamos.
-¿Seguro? Mira que tus atajos suelen ser una mierda.
-¡Una mierda! ¿A ver que dices cuando lleguemos...
-¡Tarde! Como siempre.
Ella no dijo nada más, se la veía realmente molesta, mientras, apuraba el paso y se adentraba en una calle cada vez peor iluminada. Él la seguía disfrutando de su pequeña venganza y se conformó con seguirla sin decir nada.
A los cinco minutos y tres intersecciones más allá, ella se detuvo en un nuevo cruce con una nueva calle. A él le parecía igual a los anteriores y no se veía el nombre de ninguna de las dos calles, aunque para ser sinceros, ni se veía nada, ni hubiera importado mucho saber el nombre de las calles. Las escasas farolas, apenas había una, de apagada luz amarillenta, cada veinticinco o treinta metros, lo que apenas daba para adivinar formas y volúmenes.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Polidamante

Eran casi las cuatro de la tarde y ya llevaba más de veinte minutos de espera. Por suerte me había llevado un libro y mi inseparable iPod. Había escogido música relajada, tranquila, acorde con la hora de sobremesa y que me hacía más llevadera la espera. también ayudaba el día soleado, estar ante un café en una terraza en un precioso parque rodeado de árboles con un tenue, pero muy agradable, sol de invierno.
Había renunciado hacía un rato a volver a mirar la hora cuando me doy cuenta de que un gato gris, de considerables proporciones, estaba sentado en la silla que tenía a mi lado. Le observe un rato, era realmente imponente, señorial, impasible. Sin apenas pensarlo le salude incluyendo una elegante inclinación de cabeza, -buenas tardes-.
-Buenas tardes- me responde claramente en gran gato gris mientras entorna ligeramente los ojos.
Ya se que hablar con gatos desconocidos no es muy normal, pero como a veces me ocurren cosas de estas ya no me asusto y me dejo llevar en vez de salir corriendo y pedir vez en le psiquiatra.
- Mi nombre es Carlos.-Le digo mientras apago el iPod y cierro el libro.
- El mío es Polidamante, pero puedes llamarme Poli.
- No hace mala tarde.- Le digo para romper el hielo haciendo uso del tópico meteorológico a la espera de que aparezca algo sobre lo que hablar con un gato.
- Psss.- Dijo Polidamente mirando a un lado y al otro. -¿Está interesante el libro?
- Un clásico, la ilíada, la verdad es que no me canso de releerlo, es tan...- dudé un momento, el gato Polidamante no de dejaba de mirar a las escaleras que subían a la calle Rodício. No parecía muy interesado en lo que le contaba, pero la verdad es que era él quien había preguntado. - ¿Le ocurre algo?- le pregunte algo molesto.
-Disculpa- Me dijo con evidente malestar. -Es que hay por ahí un fox terrier endemoniado que me tiene de los nervios. Cada vez que me ve se me lanza encima con una furia asesina propia del mismo Aquiles.
Ese detalle me dejó claro que Polidamante era todo un señor, consiguió mi disculpa y admiración en la misma frase.
-Muy bueno, lo de Aquiles, no que te persiga un perro loco. Si pudiera ayudarte de alguna manera...
-No se, la verdad es que no creo que tenga solución, acabaré mudándome, eso o consigo que ese enfermo obsesionado tenga un accidente.
-Es que los fox terrier ya se sabe lo obsesivos que se vuelven, no paran. Pero, ¿no tiene dueño?
Me miró mal, una mirada entre disgusto, desaprobación y algo de cansancio. No me contesto en el momento, se lo pensó un poco.
-Si, viene con alguien, pero siempre lo trae suelto y todo lo que hace cuando me persigue es llamarlo un par de veces. Ese humano tiene de líder lo que yo de tonto.
-Ya,- dije un poco abrumado. -¿Si quieres hablo con ese individuo y le llamo la atención por traerlo suelto? Eso ten daría algo de ventaja.- Esta vez no me atreví a llamarlo dueño, me pareció que ese término no le hacía mucha gracia.
-Pues sería todo un detalle, la verdad.
-Dalo por hecho.- En ese momento me sentía grande.
Antes de que pudiera decir nada más Polidamante profirió una especie de chillido y se marcho tirando la silla donde estaba sentado. Un fox terrier blanco, marrón y negro le perseguía ladrando como loco. Les seguí con la mirada unos segundo para después mirar en sentido contrario para localizar al humano que venía con él. La verdad es que fui un poco brusco, pero se lo había prometido al gran gato gris Polidamante. Espero que ahora tenga algo de tiempo antes de que suelten para correr por el parque a Coque, el nervioso y alegre fox terrier.

jueves, 4 de marzo de 2010

Premio

En inspiración podemos ver que Amebaparlante merece la consideración de Blog Vip. Como soy una persona agradecida aquí está el poster, muy manga y azul, eso sí, y el agradecimiento a Campoazul por pensar en mi.
Para los que se preguntan por los que yo considero Blogs Vip, diré que podéis verlos en la columna de la derecha, aunque también he de decir que tengo que actualizarlo, que faltan algunos como el de Campoazul.

lunes, 22 de febrero de 2010

Viajar no es bueno para todos

Llevaba ya un buen cuarto de hora con el teléfono en la oreja. De mi boca apenas podían salir un, "si, claro", "ya, ya", y a veces intentaba frenarlo con un, "pero mira...", que no daba pasado de ahí. No paraba de hablar, de contar una increíble anécdota, de preguntar y responderse a si mismo, de asombrarse, indignarse y lamentarse por los dos. Tan cansado estaba que pensé en buscar a alguien que siguiera por mi diciendo, "si, si", "claro", "ya, ya".
Yo creía que ya no le escuchaba cuando en mitad de una terrible experiencia le entiendo:
-...y son además unos maleducados, ¿sabes? es que no tienen nada de respeto porque no solo hablan en inglés entre ellos, delante de ti, si no que, es que no te lo vas a creer, les preguntas, despacito que ya sabes que soy muy considerado, y los muy cretinos te responden en inglés. ¡Es que no hay educación!
- Espera, espera. ¡Pero no te has dado cuenta de que estás en Londres! ¡LONDRES!
-Sii, ¿y qué? A ver si por la tontería esta de la flema y el té y que canten en ingles tienen que hacerlo todo en esa lengua del demonio. Que yo voy de buenas, que si no les quitaba la tontería de dos sopapos y dejaban de ser unos estirados y unos snobs...
-Claro, claro...
Mi rendición fue incondicional, si él quería que le entendiesen, le entenderían, porque muy listo no es, pero bruto, un rato. Solo me consolaba que además de bruto era buena persona, así que se apiadaría de esos pobres londinenses y no les haría aprender toda la extensa lengua de Cervantes.
-...bueno, te dejo que tengo que ir a clases, y estos estiraos son muy puntuales. Abur.
- Adiós fiera, pásalo bien.
A ver si por lo menos nos vuelve un poco más puntual.