Llevaba ya un buen cuarto de hora con el teléfono en la oreja. De mi boca apenas podían salir un, "si, claro", "ya, ya", y a veces intentaba frenarlo con un, "pero mira...", que daba pasado de ahí. No paraba de hablar, de contar una increíble anécdota, de preguntar y responderse a si mismo, de asombrarse, indignarse y lamentarse por los dos. Tan cansado estaba que pensé en buscar a alguien que siguiera por mi diciendo, "si, si", "claro", "ya, ya".
Yo creía que ya no le escuchaba cuando en mitad de una terrible experiencia le entiendo:
-...y son además unos maleducados, ¿sabes? es que no tienen nada de respeto porque no solo hablan en inglés entre ellos, delante de ti, si no que, es que no te lo vas a creer, les preguntas, despacito que ya sabes que soy muy considerado, y los muy cretinos te responden en inglés. ¡Es que no hay educación!
- Espera, espera. ¡Pero no te has dado cuenta de que estás en Londres! ¡LONDRES!
-Sii, ¿y qué? A ver si por la tontería esta de la flema y el té y que canten en ingles tienen que hacerlo todo en esa lengua del demonio. Que yo voy de buenas, que si no les quitaba la tontería de dos sopapos y dejaban de ser unos estirados y unos snobs...
-Claro, claro...
Mi rendición fue incondicional, si él quería que le entendiesen, le entenderían, porque muy listo no es, pero bruto, un rato. Solo me consolaba que además de bruto era buena persona, así que se apiadaría de esos pobres londinenses y no les haría aprender toda la extensa lengua de Cervantes.
-...bueno, te dejo que tengo que ir a clases, y estos estiraos son muy puntuales. Abur.
- Adiós fiera, pásalo bien.
A ver si por lo menos nos vuelve un poco más puntual.