jueves, 25 de marzo de 2010

¡Ya estoy aquí!

Hola, me llamo Lucas y aunque he tenido una gestación complicada, ya he conseguido salir. Yo pensaba que esto sería más fácil en cuanto saliese, pero para empezar he de decir que me obligaron a salir, anticipadamente y contra mi voluntad. Os podéis imaginar el susto que me dieron, además al poco de salir y de verme obligado a respirar por mi cuenta, un desalmado aprovechando que tenia los ojos cerrados me alejó de mi mamá y me llevó a una urna, eso sí, calentita y cómoda, manteniendome alejado de mi mamá varios días. Alguien pensó que sería un consuelo que mi papá viniera a verme de vez en cuando, pero yo lo que quería era estar con mi mamá.
En fin, ya estoy en casa, mi mamá no se separa de mi, me da rica leche, me arrulla, me mima y me cambia el pañal sin llamarme cochino, no como el pesado de papá que encima tiene la cara de usarme como excusa para no escribir más a menudo.
Por cierto, el vago de mi papá no ha guardado aún ninguna foto mía, y eso que nací el día 16, y está poniendo aquí la foto de mama con mi hermanita Candela aún en la barriguita.

viernes, 12 de marzo de 2010

Mala esperiencia

-Aún llegaremos tarde.
-Tranquilo, vamos por aquí que seguro que acortamos.
-¿Seguro? Mira que tus atajos suelen ser una mierda.
-¡Una mierda! ¿A ver que dices cuando lleguemos...
-¡Tarde! Como siempre.
Ella no dijo nada más, se la veía realmente molesta, mientras, apuraba el paso y se adentraba en una calle cada vez peor iluminada. Él la seguía disfrutando de su pequeña venganza y se conformó con seguirla sin decir nada.
A los cinco minutos y tres intersecciones más allá, ella se detuvo en un nuevo cruce con una nueva calle. A él le parecía igual a los anteriores y no se veía el nombre de ninguna de las dos calles, aunque para ser sinceros, ni se veía nada, ni hubiera importado mucho saber el nombre de las calles. Las escasas farolas, apenas había una, de apagada luz amarillenta, cada veinticinco o treinta metros, lo que apenas daba para adivinar formas y volúmenes.
-¿Qué pasa?- Preguntó él.
-Nada, es que me parece que no estamos donde deberíamos.
Él levantó las cejas en vez de protestar, pero ella no pudo verlo y siguió reflexionando en voz alta.
-Si hubiésemos cogido dos más para allá y después la primera a la izquierda...
El pensó en dar la vuelta, volver por donde habían venido hasta llegar al hotel, o encontrar una parada de taxis, lo que ocurriera primero, porque ya debía estar a punto de empezar la función y ya no podrían entrar en el teatro.
-¡Claro! Mira, tiene que ser por ahí, estamos casi al lado y yo sin saberlo.
Ella señalaba un hueco entre dos casas que parecía más un callejón, o un solar vacío, que una vía pública. Él pensó en protestar, en dar media vuelta, pero, por un instante vio claramente su cara, su ilusión, su esperanza y fue incapaz de negarle nada, de decir nada, solo la siguió cogido de su mano.

-Donde algunos ven casualidad, yo veo oportunidad, como dijo el Merovingio.
Era alto, delgado y olía muy mal. En su mano izquierda se podía distinguir el brillo de un enorme cuchillo, como los de carnicero, y su mano derecha salía de las sombras para indicarles que se acercasen.

Cuando se desata la violencia, y se ven involucrados objetos cortopunzantes, quedan ostentosos restos carmesíes que la luz del nuevo día revela en todo su esplendor. Puede que un contenedor de basura no sea el mejor lugar para agonizar, pero al menos da intimidad, y la verdad, no creo que el donde" fuera la mayor preocupación de quien se encuentra es esa terminal situación.
-La verdad es que te has pasado.
-Se lo merecía el muy cabrón, por chulo.
-Además, meterlo en un contenedor.
-¿¡Qué!? ¿Lo dejo ahí para que alguien lo vea?
-No, no, tranquila, solo digo que él no tenía la culpa de que no llegásemos al teatro. Con quitarle el cuchillo y un par de tortas llegaba. Vamos digo yo.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Polidamante

Eran casi las cuatro de la tarde y ya llevaba más de veinte minutos de espera. Por suerte me había llevado un libro y mi inseparable iPod. Había escogido música relajada, tranquila, acorde con la hora de sobremesa y que me hacía más llevadera la espera. también ayudaba el día soleado, estar ante un café en una terraza en un precioso parque rodeado de árboles con un tenue, pero muy agradable, sol de invierno.
Había renunciado hacía un rato a volver a mirar la hora cuando me doy cuenta de que un gato gris, de considerables proporciones, estaba sentado en la silla que tenía a mi lado. Le observe un rato, era realmente imponente, señorial, impasible. Sin apenas pensarlo le salude incluyendo una elegante inclinación de cabeza, -buenas tardes-.
-Buenas tardes- me responde claramente en gran gato gris mientras entorna ligeramente los ojos.
Ya se que hablar con gatos desconocidos no es muy normal, pero como a veces me ocurren cosas de estas ya no me asusto y me dejo llevar en vez de salir corriendo y pedir vez en le psiquiatra.
- Mi nombre es Carlos.-Le digo mientras apago el iPod y cierro el libro.
- El mío es Polidamante, pero puedes llamarme Poli.
- No hace mala tarde.- Le digo para romper el hielo haciendo uso del tópico meteorológico a la espera de que aparezca algo sobre lo que hablar con un gato.
- Psss.- Dijo Polidamente mirando a un lado y al otro. -¿Está interesante el libro?
- Un clásico, la ilíada, la verdad es que no me canso de releerlo, es tan...- dudé un momento, el gato Polidamante no de dejaba de mirar a las escaleras que subían a la calle Rodício. No parecía muy interesado en lo que le contaba, pero la verdad es que era él quien había preguntado. - ¿Le ocurre algo?- le pregunte algo molesto.
-Disculpa- Me dijo con evidente malestar. -Es que hay por ahí un fox terrier endemoniado que me tiene de los nervios. Cada vez que me ve se me lanza encima con una furia asesina propia del mismo Aquiles.
Ese detalle me dejó claro que Polidamante era todo un señor, consiguió mi disculpa y admiración en la misma frase.
-Muy bueno, lo de Aquiles, no que te persiga un perro loco. Si pudiera ayudarte de alguna manera...
-No se, la verdad es que no creo que tenga solución, acabaré mudándome, eso o consigo que ese enfermo obsesionado tenga un accidente.
-Es que los fox terrier ya se sabe lo obsesivos que se vuelven, no paran. Pero, ¿no tiene dueño?
Me miró mal, una mirada entre disgusto, desaprobación y algo de cansancio. No me contesto en el momento, se lo pensó un poco.
-Si, viene con alguien, pero siempre lo trae suelto y todo lo que hace cuando me persigue es llamarlo un par de veces. Ese humano tiene de líder lo que yo de tonto.
-Ya,- dije un poco abrumado. -¿Si quieres hablo con ese individuo y le llamo la atención por traerlo suelto? Eso ten daría algo de ventaja.- Esta vez no me atreví a llamarlo dueño, me pareció que ese término no le hacía mucha gracia.
-Pues sería todo un detalle, la verdad.
-Dalo por hecho.- En ese momento me sentía grande.
Antes de que pudiera decir nada más Polidamante profirió una especie de chillido y se marcho tirando la silla donde estaba sentado. Un fox terrier blanco, marrón y negro le perseguía ladrando como loco. Les seguí con la mirada unos segundo para después mirar en sentido contrario para localizar al humano que venía con él. La verdad es que fui un poco brusco, pero se lo había prometido al gran gato gris Polidamante. Espero que ahora tenga algo de tiempo antes de que suelten para correr por el parque a Coque, el nervioso y alegre fox terrier.

jueves, 4 de marzo de 2010

Premio

En inspiración podemos ver que Amebaparlante merece la consideración de Blog Vip. Como soy una persona agradecida aquí está el poster, muy manga y azul, eso sí, y el agradecimiento a Campoazul por pensar en mi.
Para los que se preguntan por los que yo considero Blogs Vip, diré que podéis verlos en la columna de la derecha, aunque también he de decir que tengo que actualizarlo, que faltan algunos como el de Campoazul.